Tener “baja” o “alta” la autoestima es, en muchos casos, tan importante como tener “bajo” o “alto" el colesterol, porque la medida en la que uno se valore a sí mismo influye en el modo en el que se va a relacionar con los demás y en la calidad de vida que pueda alcanzar.
Podemos definir a la autoestima como el grado de conciencia que cada uno de nosotros tiene acerca de la valoración de sí mismos. Se origina básicamente en los primeros años de vida, en relación con las actitudes y mensajes verbales y no verbales de nuestros padres o sustitutos. A través de éstos (fundamentalmente los no verbales), comienzan a generarse determinadas creencias acerca de la vida, del mundo, de las personas, del bien y el mal, de lo que es correcto y de lo que no lo es, de lo que debemos hacer y de lo que no, concibiendo así una idea de nosotros mismos y una idea de los demás.
Así se va desarrollando el propio guión de vida, creado en base a aspectos irracionales y no lógicos transmitidos de generación en generación y formado no solamente en el seno de nuestra familia de la infancia sino también a través de mensajes que se transmiten intergeneracionalmente. Esto se graba en nuestra parte no consciente y comienza a actuarse en la adolescencia.
Este guión será reforzado a través del reconocimiento, la aceptación y calificación de otros hacia nosotros mismos. Si estos estímulos son positivos hacia nuestro desarrollo y crecimiento personal, permitirá mantener la autoestima alta, desarrollar el potencial, ser auténticos, colocarnos en una posición existencial realista, etc.
Si en cambio recibimos mensajes negativos acerca de nosotros como personas, si nos han descalificado, si vivimos situaciones de violencia o hemos sufrido indiferencia, esto provocará una baja en nuestra calidad de vida y en la opinión que tenemos acerca de nosotros mismos.
En el caso de la mujer, se agrega que su rol es calificado de una determinada manera dentro de nuestra sociedad y esto afecta particularmente la valoración que ellas tienen acerca de sí mismas en todas sus áreas y roles.
En el rol laboral o profesional las mujeres están destinadas socialmente a determinados puestos de trabajo rotulados como puestos “femeninos”, sin poder acceder a los puestos rotulados como “masculinos” y a esto se agrega el “techo de cristal” que actúa como freno para su desarrollo profesional y laboral, que hace que realizando las mismas tareas que los hombres, reciban reconocimiento económico más bajo.
En la familia, la cultura establece que la mujer es la reina del hogar (rol de ama de casa). Por lo tanto, hay una fuerte influencia cultural para que sea ella la única que se haga cargo de todo lo relacionado con la organización del trabajo doméstico. Si bien hoy se comparten más las tareas, esto no ha cambiado radicalmente.
Sumado a esto, las expectativas del entorno las lleva a que sean valorizadas si son seductoras, si están bellas las veinticuatro horas del día, si cumplen con una rutina de gimnasia o usan cremas para estar siempre con piel de terciopelo.
En síntesis: las mujeres tienen, además de los mandatos argumentales intergeneracionales de su propia familia, fuertes mandatos culturales. Si bien hoy se están enfrentando a un mundo de crisis y cambios (porque eso significan las crisis), también se enfrentan a la paradoja de tener mayores permisos pero mayores exigencias.
Si pueden resolver esta paradoja, la autoestima sube y se sienten exitosas. Si no, la autoestima baja y se sienten perdedoras.
Atención psicológica a adolescentes y adultos. Amplia experiencia hospitalaria y en consultorio privado. El objetivo de iniciar una terapia es buscar fin al sufrimiento, tratar de buscar soluciones.
Datos personales
- Lic. Mónica Yanigro
- Caballito, Capital Federal, Buenos Aires, Argentina
- Prof. Lic. en Psicología (UBA). M.N. 43.722 Atención psicológica, presencial y virtual. myanigro@gmail.com 0116688-1894
jueves, 19 de agosto de 2010
¿Por qué nos deprimimos los domingos?
Llega el atardecer del domingo y trae consigo una mezcla de nostalgia, desgano y resignación ante el comienzo de una semana repleta de actividades que no tenemos ganas de enfrentar. ¿A qué se debe esta sensación?, ¿hay alguna manera de evitarla?
Esta sensación de angustia que se hace presente sobre todo los domingos, tiene que ver con un rasgo característico de lo femenino: la insatisfacción. Cuando termina el fin de semana uno, en lugar de pensar en todo lo que hizo, se queja por lo que no logró y se queda pensando en lo que deseaba hacer y no pudo.
Durante la semana existe una demanda permanente del otro, ya sea de parte de la familia como del trabajo y cuando llega el tan preciado fin de semana uno tiende a llenarse de actividades y expectativas para cubrir las demandas propias que nunca llegan a cumplirse plenamente.
Aquí es donde aparece la cuestión de qué hacer con el tiempo de ocio, cómo manejarlo. Visitar a un amigo, salir con la familia, hacer un picnic en la plaza, ir al cine, leer, quedarse en el sillón mirando televisión, limpiar a fondo la casa, ir a la peluquería, organizar una cena, un asado al mediodía, salir a tomar algo a la noche... ¡son tantas actividades y tan poco el tiempo!
Muchas veces también juega en contra la demanda del otro durante el fin de semana. Entonces llega el domingo a su final y uno se pregunta ¿qué hice para mí?.
La clave está en adueñarse del propio tiempo y eso implica ser conciente de que éste pasa y de que no es inacabable. Aquellas personas que eligen llevar adelante algunas actividades o tareas, no todas, teniendo en cuenta la cantidad de horas disponibles, terminan logrando lo que se propusieron y de esta manera se sienten satisfechas pudiendo hacer un balance positivo de su fin de semana.
Otra de las cuestiones que afecta a una persona llegado el momento de enfrentarse al comienzo de la semana, es la demanda cultural. Por ejemplo, una mujer que se dedica a su profesión y siente que muchas veces deja de lado a la familia, se encuentra con que el final del domingo la enfrenta de nuevo con esa demanda laboral y profesional y es ahí donde piensa que está presa de su trabajo, que estaría mejor si pudiera dedicarse a su familia, y la insatisfacción se apodera de ella.
Y esta insatisfacción es en realidad un truco para no angustiarse, porque por lo general, las personas prefieren quejarse a responsabilizarse de sus propios deseos. Ser conciente de la angustia que genera, por ejemplo, ir a trabajar y dedicarse a su profesión, implica actuar en consecuencia, comenzar a pensar qué es lo que en realidad le gustaría a uno hacer y no está haciendo.
A su vez, también son los factores climáticos los que provocan un estado de ánimo particular. Durante el verano, la luz es más duradera y da la sensación de que el día es más largo, en cambio en invierno, a las seis de la tarde ya es de noche y no queda más que hacer la cena e irse a acostar. Y es en ese momento cuando el domingo se transforma en una pesadilla: faltan pocas horas para ir a trabajar, para llevar a los chicos al colegio, para ir a comprar, preparar la comida, ordenar, etc, y entonces reaparece la conflictiva pregunta: ¿qué hice para mí este fin de semana?.
Claves para transformar el domingo en un buen comienzo
Organizar un encuentro, cena o alguna actividad lúdica cuando cae la tarde de un domingo, es una de las opciones para no enfrentar solo este momento tan particular. Poder compartir tiempo y espacio con otras personas afianzando el lazo social, ayuda a darse cuenta de que a los otros también les pasan cosas y que hay distintas y nuevas alternativas para resolverlas.
Juntarse con amigos, familiares o conocidos un domingo es gratificante, provoca la sensación de que, si bien terminó el fin de semana, hubo actividad y el tiempo fue productivo.
Para las mamás que suelen sentir que no tienen tiempo para ellas mismas ni para organizarse como les gustaría, es positivo poder compartir momentos con otras madres que tienen chicos de la misma edad o que están en la misma etapa de crianza. Porque de esta manera sentirán que hay otra persona que está pasando por su misma situación y que no están solas en esto.
Si bien últimamente están en desuso sobre todo entre los adultos, las actividades lúdicas no han dejado de ser un espacio liberador, un momento de intercambio positivo y beneficioso. Por ende, organizar un encuentro para jugar también es otra manera de darle revancha a la angustia dominguera.
A su vez, pasear, hacer un picnic, pasar el atardecer frente al río, realizar actividades físicas al aire libre, u otras alternativas que impliquen salir de la casa, pueden darle al fin de semana un excelente cierre.
Lo ideal es aprender a adueñarse del propio tiempo y poder encontrarse con el verdadero deseo, qué es aquello que uno quiere realmente. Muchas veces esta tarea implica enfrentarse con una sensación de vacío y angustia y es en realidad esta sensación la que puede ayudar a encontrar una salida.
Esta sensación de angustia que se hace presente sobre todo los domingos, tiene que ver con un rasgo característico de lo femenino: la insatisfacción. Cuando termina el fin de semana uno, en lugar de pensar en todo lo que hizo, se queja por lo que no logró y se queda pensando en lo que deseaba hacer y no pudo.
Durante la semana existe una demanda permanente del otro, ya sea de parte de la familia como del trabajo y cuando llega el tan preciado fin de semana uno tiende a llenarse de actividades y expectativas para cubrir las demandas propias que nunca llegan a cumplirse plenamente.
Aquí es donde aparece la cuestión de qué hacer con el tiempo de ocio, cómo manejarlo. Visitar a un amigo, salir con la familia, hacer un picnic en la plaza, ir al cine, leer, quedarse en el sillón mirando televisión, limpiar a fondo la casa, ir a la peluquería, organizar una cena, un asado al mediodía, salir a tomar algo a la noche... ¡son tantas actividades y tan poco el tiempo!
Muchas veces también juega en contra la demanda del otro durante el fin de semana. Entonces llega el domingo a su final y uno se pregunta ¿qué hice para mí?.
La clave está en adueñarse del propio tiempo y eso implica ser conciente de que éste pasa y de que no es inacabable. Aquellas personas que eligen llevar adelante algunas actividades o tareas, no todas, teniendo en cuenta la cantidad de horas disponibles, terminan logrando lo que se propusieron y de esta manera se sienten satisfechas pudiendo hacer un balance positivo de su fin de semana.
Otra de las cuestiones que afecta a una persona llegado el momento de enfrentarse al comienzo de la semana, es la demanda cultural. Por ejemplo, una mujer que se dedica a su profesión y siente que muchas veces deja de lado a la familia, se encuentra con que el final del domingo la enfrenta de nuevo con esa demanda laboral y profesional y es ahí donde piensa que está presa de su trabajo, que estaría mejor si pudiera dedicarse a su familia, y la insatisfacción se apodera de ella.
Y esta insatisfacción es en realidad un truco para no angustiarse, porque por lo general, las personas prefieren quejarse a responsabilizarse de sus propios deseos. Ser conciente de la angustia que genera, por ejemplo, ir a trabajar y dedicarse a su profesión, implica actuar en consecuencia, comenzar a pensar qué es lo que en realidad le gustaría a uno hacer y no está haciendo.
A su vez, también son los factores climáticos los que provocan un estado de ánimo particular. Durante el verano, la luz es más duradera y da la sensación de que el día es más largo, en cambio en invierno, a las seis de la tarde ya es de noche y no queda más que hacer la cena e irse a acostar. Y es en ese momento cuando el domingo se transforma en una pesadilla: faltan pocas horas para ir a trabajar, para llevar a los chicos al colegio, para ir a comprar, preparar la comida, ordenar, etc, y entonces reaparece la conflictiva pregunta: ¿qué hice para mí este fin de semana?.
Claves para transformar el domingo en un buen comienzo
Organizar un encuentro, cena o alguna actividad lúdica cuando cae la tarde de un domingo, es una de las opciones para no enfrentar solo este momento tan particular. Poder compartir tiempo y espacio con otras personas afianzando el lazo social, ayuda a darse cuenta de que a los otros también les pasan cosas y que hay distintas y nuevas alternativas para resolverlas.
Juntarse con amigos, familiares o conocidos un domingo es gratificante, provoca la sensación de que, si bien terminó el fin de semana, hubo actividad y el tiempo fue productivo.
Para las mamás que suelen sentir que no tienen tiempo para ellas mismas ni para organizarse como les gustaría, es positivo poder compartir momentos con otras madres que tienen chicos de la misma edad o que están en la misma etapa de crianza. Porque de esta manera sentirán que hay otra persona que está pasando por su misma situación y que no están solas en esto.
Si bien últimamente están en desuso sobre todo entre los adultos, las actividades lúdicas no han dejado de ser un espacio liberador, un momento de intercambio positivo y beneficioso. Por ende, organizar un encuentro para jugar también es otra manera de darle revancha a la angustia dominguera.
A su vez, pasear, hacer un picnic, pasar el atardecer frente al río, realizar actividades físicas al aire libre, u otras alternativas que impliquen salir de la casa, pueden darle al fin de semana un excelente cierre.
Lo ideal es aprender a adueñarse del propio tiempo y poder encontrarse con el verdadero deseo, qué es aquello que uno quiere realmente. Muchas veces esta tarea implica enfrentarse con una sensación de vacío y angustia y es en realidad esta sensación la que puede ayudar a encontrar una salida.
La importancia de la anticipación
La capacidad de anticipar es la diferencia fundamental entre el adulto y el niño e implica poder aprender y transmitir que cada palabra y acto en al vida tiene consecuencias, lo que nos posibilita tomar recaudos en las distintas situaciones que nos presenta la vida.
Volver de una fiesta familiar con un sabor amargo por haberlo pasado mal o salir de una reunión de trabajo habiendo comprobado que ese compañero que suponíamos iba a agredirnos finalmente lo hizo, son dos ejemplos de situaciones que podrían haber terminado de otra manera si se hubiera puesto en juego la capacidad de anticipación.
Pero claro que para aplicar esta capacidad no hace falta tener una bola de cristal ni poder leer las mentes de las otras personas. Anticipar no tiene nada que ver con adivinar el futuro, implica registrar las consecuencias de los actos y poder alejar las situaciones de peligro. Poder anticipar no es una garantía, pero es un primer paso, y si por ejemplo habitualmente se da una situación en la que se lo pasa mal, hay que prever que si hay muchas personas –por ejemplo en una reunión- una opción es decidir no ponerse mal por determinada persona en especial. Esta capacidad es la diferencia básica entre los niños y los adultos.
Sin duda, la posibilidad de anticipar requiere un cierto grado de conocimiento de uno mismo y de los demás, porque hay que saber cómo reacciona uno y cómo lo hacen los otros para poder prever una situación potencialmente conflictiva.
Poder tener en cuenta lo que se registra del otro y lo que le pasa a uno con el otro es fundamental, y si uno tiene en claro el objetivo tiene que elegir las actitudes que va a asumir: por ejemplo saber si el objetivo es la confrontación o no. Es muy importante la posibilidad de elección que se abre cuando se puede anticipar una situación y que se cierra cuando la anticipación no existe.
Además, la anticipación se logra interrogándose a uno mismo sobre lo que le sucede en cada caso y de aprender de los errores, pero buscando desanudar y analizando qué fue lo que pasó, por qué y para qué ocurrió eso que pasó, para no repetir el mal momento, porque si no surge la pregunta vuelve la repetición.
De esa manera, poder anticipar momentos negativos o de riesgo puede permitir tomar decisiones que vayan en otra dirección y modificar, así, situaciones que parecen no tener otra salida más que repetirse hasta el infinito.
La anticipación tiene que ver con armar mejor los lazos entre las personas, porque esta capacidad posibilita la formación de lazos afectivos, laborales y familiares más saludables cuando, a partir de la interrogación, permite pesquisar a tiempo situaciones que nos pueden llevar a algo más complicado.
Habrá que detenerse a pensar, entonces, en el momento antes de hacer, actuar, decir o decidir, para evaluar las consecuencias y las reacciones de unos y otros, de manera que podamos elegir el camino más adecuado.
Volver de una fiesta familiar con un sabor amargo por haberlo pasado mal o salir de una reunión de trabajo habiendo comprobado que ese compañero que suponíamos iba a agredirnos finalmente lo hizo, son dos ejemplos de situaciones que podrían haber terminado de otra manera si se hubiera puesto en juego la capacidad de anticipación.
Pero claro que para aplicar esta capacidad no hace falta tener una bola de cristal ni poder leer las mentes de las otras personas. Anticipar no tiene nada que ver con adivinar el futuro, implica registrar las consecuencias de los actos y poder alejar las situaciones de peligro. Poder anticipar no es una garantía, pero es un primer paso, y si por ejemplo habitualmente se da una situación en la que se lo pasa mal, hay que prever que si hay muchas personas –por ejemplo en una reunión- una opción es decidir no ponerse mal por determinada persona en especial. Esta capacidad es la diferencia básica entre los niños y los adultos.
Sin duda, la posibilidad de anticipar requiere un cierto grado de conocimiento de uno mismo y de los demás, porque hay que saber cómo reacciona uno y cómo lo hacen los otros para poder prever una situación potencialmente conflictiva.
Poder tener en cuenta lo que se registra del otro y lo que le pasa a uno con el otro es fundamental, y si uno tiene en claro el objetivo tiene que elegir las actitudes que va a asumir: por ejemplo saber si el objetivo es la confrontación o no. Es muy importante la posibilidad de elección que se abre cuando se puede anticipar una situación y que se cierra cuando la anticipación no existe.
Además, la anticipación se logra interrogándose a uno mismo sobre lo que le sucede en cada caso y de aprender de los errores, pero buscando desanudar y analizando qué fue lo que pasó, por qué y para qué ocurrió eso que pasó, para no repetir el mal momento, porque si no surge la pregunta vuelve la repetición.
De esa manera, poder anticipar momentos negativos o de riesgo puede permitir tomar decisiones que vayan en otra dirección y modificar, así, situaciones que parecen no tener otra salida más que repetirse hasta el infinito.
La anticipación tiene que ver con armar mejor los lazos entre las personas, porque esta capacidad posibilita la formación de lazos afectivos, laborales y familiares más saludables cuando, a partir de la interrogación, permite pesquisar a tiempo situaciones que nos pueden llevar a algo más complicado.
Habrá que detenerse a pensar, entonces, en el momento antes de hacer, actuar, decir o decidir, para evaluar las consecuencias y las reacciones de unos y otros, de manera que podamos elegir el camino más adecuado.
La vida después del divorcio
La separación de la pareja puede ser percibida de muchas maneras diferentes: como un fracaso, como un alivio, como el fin de la vida, como una nueva oportunidad. Lo cierto es que existe una vida después del divorcio y que puede iniciarse de maneras muy distintas.
Hombres y mujeres viven el divorcio de manera diferente. Si bien no se puede generalizar, las mujeres que vivieron en función de la atención del hombre, experimentan una fuerte sensación de fracaso personal, disminución de la autoestima y angustia extra cuando no se sienten suficientemente preparadas como para seguir adelante solas. En cambio, aquellas cuya propia valoración depende de logros obtenidos en otras áreas – laboral, profesional – se encuentran mejor equipadas para cuidar de sus hijos y de sí mismas.
Los hombres por su parte, experimentan al comienzo marcados sentimientos de desarraigo y con frecuencia enfrentan una seria posibilidad de perder a sus hijos. Estudios realizados por Marla Isaacs y J. R. Levin demostraron que cuando un progenitor pierde contacto con su hijo/a por más de ocho meses se convierte en lo que se denomina un padre periférico, esto significa que deja de ser significativo para el niño/a.
Las parejas organizadas en derredor del estereotipo de género que divide a las mujeres en nutrientes y a los hombres en proveedores, a la hora del divorcio, suelen repartir las pertenencias, de modo que la esposa se queda con los hijos y el marido con el dinero. El dinero y los hijos son utilizados como instrumentos de poder a fin de favorecer los intereses de uno o ambos padres. Este tipo de organización posdivorcio, claramente disfuncional, es el origen de innumerables batallas legales.
Los hombres que dependen emocionalmente de las mujeres, pueden encontrarse sin recursos psicológicos para enfrentar la angustia del divorcio y suelen precipitarse rápidamente en una nueva relación sentimental, cuando no en un nuevo matrimonio.
Mientras que por lo general, para ellos, las metas laborales y familiares no se contraponen, para ellas, ¡todavía en este siglo! pueden ser difíciles de conciliar y devienen en una fuente de conflicto o sobrecarga.
Desde luego, el divorcio produce un impacto económico en ambos cónyuges, pero ese impacto es mayor en las mujeres que durante la vida marital permanecieron dedicadas exclusivamente a las tareas del hogar - amas de casa - y no están preparadas para obtener un trabajo remunerado. Cuando tienen hijos pequeños su situación se complica y deben recurrir a terceros que colaboren con la crianza. Si se constituyen en el único sostén económico del hogar y sus ingresos son insuficientes o no cuentan con otros recursos propios, pasan a integrar las filas de lo que se conoce como feminización de la pobreza.
La crisis
El divorcio desencadena un tipo de crisis particular, que Braulio Montalvo denomina “experiencia de dislocación” en el sentido de que cada integrante de la familia pierde su posición en la estructura familiar respecto a los demás.
En el momento de la separación, reina el caos: los esposos se transforman en ex - esposos; disminuye su aptitud parental, inmersos en su dolor y en sus problemas, los padres muchas veces se vuelven menos sensibles a la angustia y a las necesidades de sus hijos o las confunden con las suyas; el progenitor que se va de la casa pierde la relación cotidiana con sus hijos; los hijos por su parte, no aceptan el divorcio por mal que se llevaran sus padres, sienten que su mundo se derrumba, temen por su seguridad y por la de sus progenitores.
Dado que la identidad de cada individuo se configura en las relaciones que mantiene con los otros - nuestros otros significativos – la dislocación se experimenta como una crisis de identidad y muchas personas en medio de su separación se preguntan: ¿quién soy?, ¿qué quiero?, ¿qué espero de la vida? ¿a quién quiero a mi lado?, ¿cuáles son mis prioridades?
A tal grado puede llegar la desorganización personal, familiar y social, que algunas personas parecen enajenadas, incluso, adoptan comportamientos cercanos a un estado de locura transitoria. Durante la crisis, hay quienes son capaces de hacer lo que nunca hicieron, ni harían después. Luego del divorcio la vida cambia, para algunos positivamente, para otros se empobrece, pero lo cierto, es que nadie vuelve a ser quien fue.
El divorcio
Las personas que toman la decisión de divorciarse, lo hacen con la esperanza de una vida mejor, con menos sufrimiento o con más dignidad.
Si bien, no hay dos divorcios iguales, todos tienen en común el intenso dolor que los acompaña, dolor que ha sido comparado en intensidad con el fallecimiento de un ser querido. Paradójicamente, al mismo tiempo suele traer alivio.
Cuando los cónyuges se divorcian, todos los miembros de la familia se ven envueltos en pérdidas y cambios. El proceso de duelo demanda de dos a cuatro años - ¡más largo que por una muerte! - y depende de la duración del matrimonio, la presencia o no de hijos, momento de vida, etc.
A diferencia de la muerte del cónyuge, el divorcio despierta las pasiones más profundas: la ira, el odio, los celos, deseos de venganza, fantasías de reconciliación y ambivalencia.
Familiares y amigos consuelan al viudo/a, recordando juntos los buenos momentos vividos en la relación; ningún allegado hará esto con quien que se divorcia. Algunos prefieren no hablar de un tema tan espinoso y sólo lo harán en el círculo de los íntimos; otros, creen que el divorcio es contagioso y se alejan por temor a que les suceda lo mismo.
Cuando los sentimientos involucrados son menos intensos y hay una buena contención por parte de familiares y amigos, el proceso suele ser menos doloroso.
Hombres y mujeres viven el divorcio de manera diferente. Si bien no se puede generalizar, las mujeres que vivieron en función de la atención del hombre, experimentan una fuerte sensación de fracaso personal, disminución de la autoestima y angustia extra cuando no se sienten suficientemente preparadas como para seguir adelante solas. En cambio, aquellas cuya propia valoración depende de logros obtenidos en otras áreas – laboral, profesional – se encuentran mejor equipadas para cuidar de sus hijos y de sí mismas.
Los hombres por su parte, experimentan al comienzo marcados sentimientos de desarraigo y con frecuencia enfrentan una seria posibilidad de perder a sus hijos. Estudios realizados por Marla Isaacs y J. R. Levin demostraron que cuando un progenitor pierde contacto con su hijo/a por más de ocho meses se convierte en lo que se denomina un padre periférico, esto significa que deja de ser significativo para el niño/a.
Las parejas organizadas en derredor del estereotipo de género que divide a las mujeres en nutrientes y a los hombres en proveedores, a la hora del divorcio, suelen repartir las pertenencias, de modo que la esposa se queda con los hijos y el marido con el dinero. El dinero y los hijos son utilizados como instrumentos de poder a fin de favorecer los intereses de uno o ambos padres. Este tipo de organización posdivorcio, claramente disfuncional, es el origen de innumerables batallas legales.
Los hombres que dependen emocionalmente de las mujeres, pueden encontrarse sin recursos psicológicos para enfrentar la angustia del divorcio y suelen precipitarse rápidamente en una nueva relación sentimental, cuando no en un nuevo matrimonio.
Mientras que por lo general, para ellos, las metas laborales y familiares no se contraponen, para ellas, ¡todavía en este siglo! pueden ser difíciles de conciliar y devienen en una fuente de conflicto o sobrecarga.
Desde luego, el divorcio produce un impacto económico en ambos cónyuges, pero ese impacto es mayor en las mujeres que durante la vida marital permanecieron dedicadas exclusivamente a las tareas del hogar - amas de casa - y no están preparadas para obtener un trabajo remunerado. Cuando tienen hijos pequeños su situación se complica y deben recurrir a terceros que colaboren con la crianza. Si se constituyen en el único sostén económico del hogar y sus ingresos son insuficientes o no cuentan con otros recursos propios, pasan a integrar las filas de lo que se conoce como feminización de la pobreza.
La crisis
El divorcio desencadena un tipo de crisis particular, que Braulio Montalvo denomina “experiencia de dislocación” en el sentido de que cada integrante de la familia pierde su posición en la estructura familiar respecto a los demás.
En el momento de la separación, reina el caos: los esposos se transforman en ex - esposos; disminuye su aptitud parental, inmersos en su dolor y en sus problemas, los padres muchas veces se vuelven menos sensibles a la angustia y a las necesidades de sus hijos o las confunden con las suyas; el progenitor que se va de la casa pierde la relación cotidiana con sus hijos; los hijos por su parte, no aceptan el divorcio por mal que se llevaran sus padres, sienten que su mundo se derrumba, temen por su seguridad y por la de sus progenitores.
Dado que la identidad de cada individuo se configura en las relaciones que mantiene con los otros - nuestros otros significativos – la dislocación se experimenta como una crisis de identidad y muchas personas en medio de su separación se preguntan: ¿quién soy?, ¿qué quiero?, ¿qué espero de la vida? ¿a quién quiero a mi lado?, ¿cuáles son mis prioridades?
A tal grado puede llegar la desorganización personal, familiar y social, que algunas personas parecen enajenadas, incluso, adoptan comportamientos cercanos a un estado de locura transitoria. Durante la crisis, hay quienes son capaces de hacer lo que nunca hicieron, ni harían después. Luego del divorcio la vida cambia, para algunos positivamente, para otros se empobrece, pero lo cierto, es que nadie vuelve a ser quien fue.
El divorcio
Las personas que toman la decisión de divorciarse, lo hacen con la esperanza de una vida mejor, con menos sufrimiento o con más dignidad.
Si bien, no hay dos divorcios iguales, todos tienen en común el intenso dolor que los acompaña, dolor que ha sido comparado en intensidad con el fallecimiento de un ser querido. Paradójicamente, al mismo tiempo suele traer alivio.
Cuando los cónyuges se divorcian, todos los miembros de la familia se ven envueltos en pérdidas y cambios. El proceso de duelo demanda de dos a cuatro años - ¡más largo que por una muerte! - y depende de la duración del matrimonio, la presencia o no de hijos, momento de vida, etc.
A diferencia de la muerte del cónyuge, el divorcio despierta las pasiones más profundas: la ira, el odio, los celos, deseos de venganza, fantasías de reconciliación y ambivalencia.
Familiares y amigos consuelan al viudo/a, recordando juntos los buenos momentos vividos en la relación; ningún allegado hará esto con quien que se divorcia. Algunos prefieren no hablar de un tema tan espinoso y sólo lo harán en el círculo de los íntimos; otros, creen que el divorcio es contagioso y se alejan por temor a que les suceda lo mismo.
Cuando los sentimientos involucrados son menos intensos y hay una buena contención por parte de familiares y amigos, el proceso suele ser menos doloroso.
Estrategias para mantener el erotismo durante el matrimonio
El sexo es algo saludable, que nos hace sentir plenos y relajados. El deseo por el otro aparece muy fuerte e incontrolable al principio. Pero con el paso del tiempo, esa atracción espontánea suele decaer. Es el momento de buscar estrategias para mantener vivo el erotismo.
¿Qué es el erotismo y qué rol juega en la pareja?
El erotismo es el deseo encendido del encuentro con el otro, desde el placer, el disfrute y la comunicación a través de los sentidos. Suele asociárselo con la sexualidad porque es en este ámbito donde se juegan con mayor profundidad los deseos y los juegos que hacen al vínculo de pareja. Es uno de los pilares fundamentales que permite que una pareja se sostenga como tal (y la relación no se convierta en una de "amigos" o "hermanos" y comience a buscarse fuera de la pareja algo que casi todas las personas necesitamos en nuestra cotidianeidad).
El erotismo forma parte de la trama (que es lo que significa la palabra tantra) amorosa y atractiva, que hace que dos personas tengan ganas de encontrarse, estar juntas y compartir. El erotismo es una experiencia fundamental de la vida, que hace que ésta sea un disfrute y una bendición y cuando lo perdemos, no solamente en la pareja, que es donde se nota con más intensidad, sino en la experiencia vital general, es posible empezar a perder entusiasmo y finalmente enfermarse. La energía erótica es la energía de vida, la que nos mueve y nos hace querer seguir vivos.
¿Es verdad que es natural que el erotismo decaiga durante el matrimonio? ¿Por qué?
No hay nada realmente natural, excepto los cambios. Si en cualquier situación que se sostiene en el tiempo las cosas se quedan estáticas e inamovibles, la energía comienza a estancarse. La clave para evitar esto es estar muy atentos a las señales que comenzamos a percibir, relacionadas con frustraciones, necesidades no satisfechas, aburrimiento o desgaste.
Pongamos una analogía que puede servir para comprenderlo. Si me encanta el sushi, me resulta muy atractivo y empiezo a comer esta comida todos los días, mediodía y noche, va a llegar un momento en el que en lugar de convertirse en una experiencia de disfrute y asombro, la experiencia nutritiva empieza a desgastarse y a volverse rutinaria.
Si en un matrimonio las personas hacen las cosas (por ejemplo, el amor o se comunican) de manera automática una y otra vez, lo que antes era un placer puede llegar a convertirse en un martirio, excepto que haya pequeñas variaciones que sorprendan y devuelvan la vida al deseo.
Muchas veces, es necesario dejar de tener algo (que damos por sentado) para extrañarlo y volver a disfrutarlo como si fuera el último o único. Es como si dos superficies comenzaran a rozar una contra otra suavemente. Al principio, es una especie de masaje, estimulante y vivificador, pero si no cambia la intensidad o la dirección o la velocidad de la fricción, llegará un momento en que ambas superficies comenzarán a desgastarse y se empezará a hacer un surco que puede ser muy difícil de borrar.
Esto mismo ocurre en una relación de pareja, si las cosas se hacen sistemática y automáticamente igual, por un largo tiempo, sin cambios. Es necesario introducir cambios, pequeñas modificaciones o variaciones para enriquecer la relación y aportar nuevamente el deseo.
¿Se puede evitar que el erotismo decaiga?
Nada es inevitable cuando se cuenta con la conciencia como herramienta de autoconocimiento. Conciencia en términos del darse cuenta. Si a medida que vamos percibiendo sensaciones y necesidades (a veces es necesario entrenarse para ello porque no estamos educados para registrar percepciones internas y solemos asignar la responsabilidad de lo que ocurre a los demás o a situaciones externas exclusivamente, sin darnos cuenta de que los únicos que podemos saber qué nos pasa y qué necesitamos somos nosotros mismos) podemos ir siguiendo el camino que nos dicta nuestra interioridad, será más fácil evitar el desgaste y pedir lo que realmente necesitamos y emprender los cambios requeridos para sentirnos satisfechos, deseantes y vivos.
¿Qué se recomienda hacer para mantener vivo el erotismo en una pareja?
* Registrar necesidades, sensaciones y sentimientos propios.
* Estar abiertos a escuchar y percibir lo que nuestra pareja necesita.
* Pedir lo que necesitamos de una manera amorosa y no exigente.
* Encontrar alternativas para hacer las mismas cosas de manera distinta.
* Hacer otras cosas que no habíamos probado.
* Alternar los roles que suelen instalarse de manera a veces rígida en las parejas (uno suele buscar y el otro suele dejarse buscar y es buscado), para sentir la diferencia entre lo que está "por sentado" y lo que extrañamos cuando no está.
* Aprender a disfrutar de cada experiencia como si fuera la primera vez en la vida que la tenemos. Recordar por ejemplo, cómo fue la primera vez que salimos, con nuestra pareja o los primeros besos o lo que hacíamos al principio de la relación, que nos producía placer a ambos y recrear esos momentos, procurando disfrutarlos como si fueran la primera vez o quizás ¡la última de la vida!
* Encontrar espacios de disfrute y diversión exclusivos de la pareja, que muchas veces se pierden por las obligaciones, el cansancio y las rutinas familiares. Así como le dedicamos tiempo al gimnasio o a leer emails o a trabajar, encontrar también el tiempo para pasarla bien y jugar con nuestra pareja (los dos solos), haciendo cosas que a ambos les gusten (o no haciendo, simplemente estando, por ejemplo, pasando un día de holgazanería en la cama, comiendo cosas ricas y haciendo el amor, probando leerse cuentos eróticos o ver alguna película que ambos quieran ver o estando en silencio o escuchando música, haciéndose masajitos en los pies, entre otras millones de posibilidades que ambos pueden encontrar).
* De vez en cuando re-explorar aquello que los hizo elegirse como pareja y darse cuenta
¿Qué es el erotismo y qué rol juega en la pareja?
El erotismo es el deseo encendido del encuentro con el otro, desde el placer, el disfrute y la comunicación a través de los sentidos. Suele asociárselo con la sexualidad porque es en este ámbito donde se juegan con mayor profundidad los deseos y los juegos que hacen al vínculo de pareja. Es uno de los pilares fundamentales que permite que una pareja se sostenga como tal (y la relación no se convierta en una de "amigos" o "hermanos" y comience a buscarse fuera de la pareja algo que casi todas las personas necesitamos en nuestra cotidianeidad).
El erotismo forma parte de la trama (que es lo que significa la palabra tantra) amorosa y atractiva, que hace que dos personas tengan ganas de encontrarse, estar juntas y compartir. El erotismo es una experiencia fundamental de la vida, que hace que ésta sea un disfrute y una bendición y cuando lo perdemos, no solamente en la pareja, que es donde se nota con más intensidad, sino en la experiencia vital general, es posible empezar a perder entusiasmo y finalmente enfermarse. La energía erótica es la energía de vida, la que nos mueve y nos hace querer seguir vivos.
¿Es verdad que es natural que el erotismo decaiga durante el matrimonio? ¿Por qué?
No hay nada realmente natural, excepto los cambios. Si en cualquier situación que se sostiene en el tiempo las cosas se quedan estáticas e inamovibles, la energía comienza a estancarse. La clave para evitar esto es estar muy atentos a las señales que comenzamos a percibir, relacionadas con frustraciones, necesidades no satisfechas, aburrimiento o desgaste.
Pongamos una analogía que puede servir para comprenderlo. Si me encanta el sushi, me resulta muy atractivo y empiezo a comer esta comida todos los días, mediodía y noche, va a llegar un momento en el que en lugar de convertirse en una experiencia de disfrute y asombro, la experiencia nutritiva empieza a desgastarse y a volverse rutinaria.
Si en un matrimonio las personas hacen las cosas (por ejemplo, el amor o se comunican) de manera automática una y otra vez, lo que antes era un placer puede llegar a convertirse en un martirio, excepto que haya pequeñas variaciones que sorprendan y devuelvan la vida al deseo.
Muchas veces, es necesario dejar de tener algo (que damos por sentado) para extrañarlo y volver a disfrutarlo como si fuera el último o único. Es como si dos superficies comenzaran a rozar una contra otra suavemente. Al principio, es una especie de masaje, estimulante y vivificador, pero si no cambia la intensidad o la dirección o la velocidad de la fricción, llegará un momento en que ambas superficies comenzarán a desgastarse y se empezará a hacer un surco que puede ser muy difícil de borrar.
Esto mismo ocurre en una relación de pareja, si las cosas se hacen sistemática y automáticamente igual, por un largo tiempo, sin cambios. Es necesario introducir cambios, pequeñas modificaciones o variaciones para enriquecer la relación y aportar nuevamente el deseo.
¿Se puede evitar que el erotismo decaiga?
Nada es inevitable cuando se cuenta con la conciencia como herramienta de autoconocimiento. Conciencia en términos del darse cuenta. Si a medida que vamos percibiendo sensaciones y necesidades (a veces es necesario entrenarse para ello porque no estamos educados para registrar percepciones internas y solemos asignar la responsabilidad de lo que ocurre a los demás o a situaciones externas exclusivamente, sin darnos cuenta de que los únicos que podemos saber qué nos pasa y qué necesitamos somos nosotros mismos) podemos ir siguiendo el camino que nos dicta nuestra interioridad, será más fácil evitar el desgaste y pedir lo que realmente necesitamos y emprender los cambios requeridos para sentirnos satisfechos, deseantes y vivos.
¿Qué se recomienda hacer para mantener vivo el erotismo en una pareja?
* Registrar necesidades, sensaciones y sentimientos propios.
* Estar abiertos a escuchar y percibir lo que nuestra pareja necesita.
* Pedir lo que necesitamos de una manera amorosa y no exigente.
* Encontrar alternativas para hacer las mismas cosas de manera distinta.
* Hacer otras cosas que no habíamos probado.
* Alternar los roles que suelen instalarse de manera a veces rígida en las parejas (uno suele buscar y el otro suele dejarse buscar y es buscado), para sentir la diferencia entre lo que está "por sentado" y lo que extrañamos cuando no está.
* Aprender a disfrutar de cada experiencia como si fuera la primera vez en la vida que la tenemos. Recordar por ejemplo, cómo fue la primera vez que salimos, con nuestra pareja o los primeros besos o lo que hacíamos al principio de la relación, que nos producía placer a ambos y recrear esos momentos, procurando disfrutarlos como si fueran la primera vez o quizás ¡la última de la vida!
* Encontrar espacios de disfrute y diversión exclusivos de la pareja, que muchas veces se pierden por las obligaciones, el cansancio y las rutinas familiares. Así como le dedicamos tiempo al gimnasio o a leer emails o a trabajar, encontrar también el tiempo para pasarla bien y jugar con nuestra pareja (los dos solos), haciendo cosas que a ambos les gusten (o no haciendo, simplemente estando, por ejemplo, pasando un día de holgazanería en la cama, comiendo cosas ricas y haciendo el amor, probando leerse cuentos eróticos o ver alguna película que ambos quieran ver o estando en silencio o escuchando música, haciéndose masajitos en los pies, entre otras millones de posibilidades que ambos pueden encontrar).
* De vez en cuando re-explorar aquello que los hizo elegirse como pareja y darse cuenta
¿Cómo manejar las emociones cuando el bebé no llega?
Cuando se busca un bebé y no llega en el momento que uno lo planeó, surge la frustración, el dolor y las preguntas. ¿Cómo manejar las emociones cuando el bebé no llega? ¿Cómo vivir esta experiencia dentro de un marco de tranquilidad y confianza?
El deseo de la mayoría de las personas, es trascender a través de los hijos.
Formar una pareja y poder a través de ellos, proyectarse.
Cuando se busca un bebé y no llega en el momento que uno lo planeó, surge la frustración, el dolor, la preocupación y las preguntas.
Hasta que se llega a la primera consulta se transitó un camino largo, de muchas esperas, menstruaciones, ilusiones, encuentros y desencuentros amorosos.
Luego vienen los análisis, los diagnósticos y los tratamientos.
Y lo más difícil, que es aceptar que a veces se tiene una dificultad y es necesario preguntarse si se está dispuesto a atravesarla y superarla.
Si realmente es vivida como una dificultad, donde uno está involucrado, y no es culpable de padecerla, puede esta experiencia ser vivida saludablemente dentro de un marco de tranquilidad y confianza.
Si comienzan a aparecer las palabras culpa, y los tiempos de verbo en pasado, se va a hacer más dificultoso y el famoso estrés, se hará presente con toda su fuerza
¿Cómo se manifiesta?
Como tristeza, cansancio, enojo, hiperactividad; puede disfrazarse de mil maneras, la cuestión es descubrirlo y sacarle la máscara para poder sentirse mejor.
Y esa mejoría o alivio no siempre es resuelta en el aquí y ahora. Tiene sus tiempos, pero se puede trabajar para lograrlo, como así también se puede lograr el embarazo.
No quizás de la manera que hubiésemos idealmente soñado pero sí con un poco de ayuda y trabajo.
Es importante poder aceptar esa ayuda, que permitirá sobrellevar este trayecto más acompañado y mejor. Siendo protagonista activo y no víctima de la situación.
Hay presiones sociales, laborales económicas y principalmente afectivas que hacen difícil el camino para lograrlo pero no es imposible.
Si se quiere ser mamá y papá de alguna manera se va a lograr.
Toda persona que atraviesa un tratamiento de fertilidad, tiene sus emociones a flor de piel, se halla más vulnerable, mas allá que tenga su terapia personal
A veces es necesario mayor apoyo, y esclarecimiento en algunos temas que merecen ser tratados más específicamente mientras dura el tratamiento.
Por eso es tan importante consultar y darse el espacio para aprender a trabajar estas emociones nuevas, entendiendo que es parte del tratamiento integral para acercarse al objetivo.
Frente a tantos sentimientos nuevos, a un lenguaje nuevo que hay que asimilar, lo importante es, si bien en cada pareja se vive de manera especial en función de la historia y el tipo de relación que se tiene:
No desesperarse, no des-encontrarse
Buscar pequeñas metas
Comprender que ser padres es un aspecto de la vida en pareja y que seguramente hay más motivos que los lleva y los llevó a elegirse y estar juntos.
Que este proyecto no invada todas las áreas de la vida, y no los paralice.
Poder transformar: la presión en comprensión, la ansiedad en manejo de la frustración y de la capacidad de espera. Y fundamentalmente, poco a poco ir reemplazando la tristeza por esperanza poniéndose activos en este gran proyecto hacia el futuro…ser padres.
El deseo de la mayoría de las personas, es trascender a través de los hijos.
Formar una pareja y poder a través de ellos, proyectarse.
Cuando se busca un bebé y no llega en el momento que uno lo planeó, surge la frustración, el dolor, la preocupación y las preguntas.
Hasta que se llega a la primera consulta se transitó un camino largo, de muchas esperas, menstruaciones, ilusiones, encuentros y desencuentros amorosos.
Luego vienen los análisis, los diagnósticos y los tratamientos.
Y lo más difícil, que es aceptar que a veces se tiene una dificultad y es necesario preguntarse si se está dispuesto a atravesarla y superarla.
Si realmente es vivida como una dificultad, donde uno está involucrado, y no es culpable de padecerla, puede esta experiencia ser vivida saludablemente dentro de un marco de tranquilidad y confianza.
Si comienzan a aparecer las palabras culpa, y los tiempos de verbo en pasado, se va a hacer más dificultoso y el famoso estrés, se hará presente con toda su fuerza
¿Cómo se manifiesta?
Como tristeza, cansancio, enojo, hiperactividad; puede disfrazarse de mil maneras, la cuestión es descubrirlo y sacarle la máscara para poder sentirse mejor.
Y esa mejoría o alivio no siempre es resuelta en el aquí y ahora. Tiene sus tiempos, pero se puede trabajar para lograrlo, como así también se puede lograr el embarazo.
No quizás de la manera que hubiésemos idealmente soñado pero sí con un poco de ayuda y trabajo.
Es importante poder aceptar esa ayuda, que permitirá sobrellevar este trayecto más acompañado y mejor. Siendo protagonista activo y no víctima de la situación.
Hay presiones sociales, laborales económicas y principalmente afectivas que hacen difícil el camino para lograrlo pero no es imposible.
Si se quiere ser mamá y papá de alguna manera se va a lograr.
Toda persona que atraviesa un tratamiento de fertilidad, tiene sus emociones a flor de piel, se halla más vulnerable, mas allá que tenga su terapia personal
A veces es necesario mayor apoyo, y esclarecimiento en algunos temas que merecen ser tratados más específicamente mientras dura el tratamiento.
Por eso es tan importante consultar y darse el espacio para aprender a trabajar estas emociones nuevas, entendiendo que es parte del tratamiento integral para acercarse al objetivo.
Frente a tantos sentimientos nuevos, a un lenguaje nuevo que hay que asimilar, lo importante es, si bien en cada pareja se vive de manera especial en función de la historia y el tipo de relación que se tiene:
No desesperarse, no des-encontrarse
Buscar pequeñas metas
Comprender que ser padres es un aspecto de la vida en pareja y que seguramente hay más motivos que los lleva y los llevó a elegirse y estar juntos.
Que este proyecto no invada todas las áreas de la vida, y no los paralice.
Poder transformar: la presión en comprensión, la ansiedad en manejo de la frustración y de la capacidad de espera. Y fundamentalmente, poco a poco ir reemplazando la tristeza por esperanza poniéndose activos en este gran proyecto hacia el futuro…ser padres.
El llanto del bebé: ¿Cómo podemos calmarlo?
Si los bebés hablaran muchas mamás tendrían resuelto uno de los interrogantes más comunes que se nos presentan a diario cuando estamos frente a nuestro pequeño hijo: ¿Por qué estará llorando mi bebé?
Inmediatamente ponemos en práctica algunos recursos, casi siempre, guiados por el instinto y el sentido común.
Uno de los miedos de las mamás primerizas es no saber reconocer el llanto de su bebé y poder distinguir si se trata de hambre, dolor de pancita o simplemente incomodidad por tener el pañal sucio.
Identificar la causa del llanto no es tarea sencilla pero tampoco imposible. A medida que el bebé crece la mamá lo va conociendo y ese conocimiento le permitirá tener las herramientas necesarias para calmar a su hijo cuando sea necesario.
Mientras tanto y hasta que ese momento llegue, esta guía de preguntas puede ser de mucha utilidad para tranquilizar a nuestros hijos:
1) ¿Tendrá hambre?
La principal causa por la cual lloran los bebés durante las primeras semanas de vida, es porque pueden tener hambre.
Cuando esto sucede los bebés suelen llevarse las manos a la boca y si se los pone en el regazo de la mamá suelen abrir la boca buscando el pecho materno.
2) Verificar si tiene el pañal sucio
Algunos bebés son más sensibles que otros y apenas tienen el pañal sucio lloran manifestando su molestia. A otros bebés, sin embargo, no les molesta tanto.
Si llora, vale la pena revisarlo y de ser necesario, cambiarle el pañal.
3) ¿Podría tener frío o calor?
Este podría ser otro motivo por el cual los bebés lloran.
Si la temperatura es baja, habrá que abrigarlo para que su cuerpo se mantenga tibio. Si en cambio la temperatura es elevada, conviene usar vestimenta liviana o simplemente dejarlo en pañales.
Es difícil determinar a qué temperatura debe estar el ambiente del bebé. Para la mayoría de los recién nacidos, la habitación debe estar a 24 °C aproximadamente. Si se lo abriga demasiado, sentirá calor, y seguramente sudará.
La temperatura ambiente correcta es cuando las manos y pies del bebé están frescos y el resto del cuerpo, tibio.
4) Tiene sueño
A veces los bebés están cansados pero no pueden conciliar el sueño y esto les genera fastidio, por eso lo manifiestan llorando.
A medida que vayamos conociendo más al bebé sabremos cuál es la manera en que le gusta que lo hagan dormir.
Hamacarlo en brazos, mecerlo en su cochecito, ponerlo en su cuna cantándole una canción y/o darle un masaje, pueden ayudar a dormirlo.
Si bien hay bibliografía sobre el sueño del bebé que sugiere que desde muy temprana edad los niños pueden aprender a dormirse solos, no es conveniente poner en práctica estos métodos con un bebé recién nacido ya que aún no tiene la capacidad de aprender de esta experiencia.
El recién nacido está aprendiendo, experimentando y conociendo este nuevo medio que lo rodea: nuevos olores, sonidos, sensaciones. Lo apropiado en esta etapa es brindarles seguridad y contención.
5) Intentar que haga un provechito
Cuando el bebé eructa, libera el aire que ha tragado al comer. A veces los bebés lloran porque necesitan eructar o como se dice habitualmente “hacer un provechito”.
Para que eructe hay que colocar al bebé (puede ser sentado o en brazos) para que esté erguido con su tronco derecho.
Esto facilitará la salida del aire. Darle palmaditas suaves en la espalda, es una acción opcional que puede ayudar a la salida del aire.
6) ¿Serán cólicos?
Es muy frecuente que durante los primeros tres meses de vida los bebés tengan cólicos. Son molestias relacionadas con el aparato digestivo, aún inmaduro, que provocan dolores de panza, retorcijones o gases.
Si bien los cólicos son poco evitables, al menos podemos ayudar al bebé con las siguientes técnicas:
* Observar su succión y corregirla en caso de que trague mucho aire al amamantar. Esto ayudará a que tenga menos gases.
* Realizar movimientos suaves con sus piernitas (movimiento de pedaleo o de bicicleta).
* Colocarlo boca abajo, sobre el antebrazo de quien lo sostiene.
* Masajear su pancita con movimientos circulares.
* Bañarlo en agua tibia, siempre y cuando ya se le haya caído el cordón. El baño suele relajarlo.
* Mecerlo y arrullarlo.
7) ¿Querrá estar en brazos?
Cuando un bebé está a upa se siente contenido, confortado, comprendido, comunicado y unido a sus padres. El recién nacido necesita sentir el calor y el olor de su mamá.
No hay que tener miedo de “malcriarlo” al responder de inmediato a su llanto ya que de esta manera se crea un vínculo basado en la comprensión.
8) Verificar si le molesta algo de su ropita
Si el llanto del bebé persiste y no se calma conviene sacarle la ropa y verificar que no haya nada que lo está molestando, por ejemplo, alguna etiqueta dentro de la ropa que pudiera estar raspandolo, un cierre o botón presionando sobre su piel.
O un hilo o pelo enroscado en algún dedito, alguna picadura de insecto, una erupción en la piel, etc.
9) ¿Puede ser que le duela algo o se esté por enfermar?
Cuando el llanto persiste, los padres comienzan a sospechar que llora porque podría tener algún dolor, por lo tanto, es conveniente llamar al pediatra y
comentarle la situación.
Antes de llamarlo quizás sea conveniente tomar su temperatura para saber si tiene fiebre y poder proporcionarle esta información al pediatra.
¿Que hacer si el bebé sigue llorando?
Si verificaste lo anterior y tu bebé sigue llorando podes probar:
* Llevarlo a dar un paseo, un poco de aire fresco a veces hace que el bebé se relaje y la mamá también.
* Darle un baño
* Envolverlo en una mantita como un “paquetito” copiando el modelo que utilizan en las maternidades y hospitales a los recién nacidos. A algunos bebés les gusta estar envueltos porque se sienten contenidos como cuando estaban acurrucados y calentitos dentro de la panza de mamá.
* Poner musica suave o cantarle una canción
* Llamar al pediatra
En general, el momento en que el bebé llora más es entre el primer mes y los dos meses de nacido,y a esa edad, puede resultar difícil tranquilizarlo. También resulta difícil dejarlo llorar en su cuna, no sólo porque es muy chiquito aún para aprender a calmarse sino porque sus padres tampoco toleran escuchar llorarlo. Por lo tanto, no es recomendable intentarlo.
Hay que aceptar que es normal que llore y que los padres sepan que tienen la capacidad para calmar.
Paradójicamente, cuando esto ocurre, comienza a tranquilizarse. Esta adaptación puede prolongarse hasta el tercer mes. Pasada esta etapa, los niños suelen llorar mucho menos.
Un consejo de mamá a mamá:
Escuchar llorara nuestro bebé sin poder calmarlo puede ser muy estresante. Si sentís que la situación te desborda no esperes a estallar y animate a pedir ayuda.
La ayuda oportuna de alguna abuela, tía, vecina y/o amiga dispuesta a acompañarte en este momento puede aliviar mucho tu angustia y darte las fuerzas necesarias para acompañar a tu recién nacido.
Los bebés no vienen con un manual bajo el brazo y aprender a conocerlos lleva su tiempo. Para el bebé tambiñen es un aprendizaje conocer este nuevo ambiente, este nuevo lugar luego de la panza de mamá.
Tené paciencia que todo pasa y aunque no parezca…más rápido de lo que uno imagina.
Inmediatamente ponemos en práctica algunos recursos, casi siempre, guiados por el instinto y el sentido común.
Uno de los miedos de las mamás primerizas es no saber reconocer el llanto de su bebé y poder distinguir si se trata de hambre, dolor de pancita o simplemente incomodidad por tener el pañal sucio.
Identificar la causa del llanto no es tarea sencilla pero tampoco imposible. A medida que el bebé crece la mamá lo va conociendo y ese conocimiento le permitirá tener las herramientas necesarias para calmar a su hijo cuando sea necesario.
Mientras tanto y hasta que ese momento llegue, esta guía de preguntas puede ser de mucha utilidad para tranquilizar a nuestros hijos:
1) ¿Tendrá hambre?
La principal causa por la cual lloran los bebés durante las primeras semanas de vida, es porque pueden tener hambre.
Cuando esto sucede los bebés suelen llevarse las manos a la boca y si se los pone en el regazo de la mamá suelen abrir la boca buscando el pecho materno.
2) Verificar si tiene el pañal sucio
Algunos bebés son más sensibles que otros y apenas tienen el pañal sucio lloran manifestando su molestia. A otros bebés, sin embargo, no les molesta tanto.
Si llora, vale la pena revisarlo y de ser necesario, cambiarle el pañal.
3) ¿Podría tener frío o calor?
Este podría ser otro motivo por el cual los bebés lloran.
Si la temperatura es baja, habrá que abrigarlo para que su cuerpo se mantenga tibio. Si en cambio la temperatura es elevada, conviene usar vestimenta liviana o simplemente dejarlo en pañales.
Es difícil determinar a qué temperatura debe estar el ambiente del bebé. Para la mayoría de los recién nacidos, la habitación debe estar a 24 °C aproximadamente. Si se lo abriga demasiado, sentirá calor, y seguramente sudará.
La temperatura ambiente correcta es cuando las manos y pies del bebé están frescos y el resto del cuerpo, tibio.
4) Tiene sueño
A veces los bebés están cansados pero no pueden conciliar el sueño y esto les genera fastidio, por eso lo manifiestan llorando.
A medida que vayamos conociendo más al bebé sabremos cuál es la manera en que le gusta que lo hagan dormir.
Hamacarlo en brazos, mecerlo en su cochecito, ponerlo en su cuna cantándole una canción y/o darle un masaje, pueden ayudar a dormirlo.
Si bien hay bibliografía sobre el sueño del bebé que sugiere que desde muy temprana edad los niños pueden aprender a dormirse solos, no es conveniente poner en práctica estos métodos con un bebé recién nacido ya que aún no tiene la capacidad de aprender de esta experiencia.
El recién nacido está aprendiendo, experimentando y conociendo este nuevo medio que lo rodea: nuevos olores, sonidos, sensaciones. Lo apropiado en esta etapa es brindarles seguridad y contención.
5) Intentar que haga un provechito
Cuando el bebé eructa, libera el aire que ha tragado al comer. A veces los bebés lloran porque necesitan eructar o como se dice habitualmente “hacer un provechito”.
Para que eructe hay que colocar al bebé (puede ser sentado o en brazos) para que esté erguido con su tronco derecho.
Esto facilitará la salida del aire. Darle palmaditas suaves en la espalda, es una acción opcional que puede ayudar a la salida del aire.
6) ¿Serán cólicos?
Es muy frecuente que durante los primeros tres meses de vida los bebés tengan cólicos. Son molestias relacionadas con el aparato digestivo, aún inmaduro, que provocan dolores de panza, retorcijones o gases.
Si bien los cólicos son poco evitables, al menos podemos ayudar al bebé con las siguientes técnicas:
* Observar su succión y corregirla en caso de que trague mucho aire al amamantar. Esto ayudará a que tenga menos gases.
* Realizar movimientos suaves con sus piernitas (movimiento de pedaleo o de bicicleta).
* Colocarlo boca abajo, sobre el antebrazo de quien lo sostiene.
* Masajear su pancita con movimientos circulares.
* Bañarlo en agua tibia, siempre y cuando ya se le haya caído el cordón. El baño suele relajarlo.
* Mecerlo y arrullarlo.
7) ¿Querrá estar en brazos?
Cuando un bebé está a upa se siente contenido, confortado, comprendido, comunicado y unido a sus padres. El recién nacido necesita sentir el calor y el olor de su mamá.
No hay que tener miedo de “malcriarlo” al responder de inmediato a su llanto ya que de esta manera se crea un vínculo basado en la comprensión.
8) Verificar si le molesta algo de su ropita
Si el llanto del bebé persiste y no se calma conviene sacarle la ropa y verificar que no haya nada que lo está molestando, por ejemplo, alguna etiqueta dentro de la ropa que pudiera estar raspandolo, un cierre o botón presionando sobre su piel.
O un hilo o pelo enroscado en algún dedito, alguna picadura de insecto, una erupción en la piel, etc.
9) ¿Puede ser que le duela algo o se esté por enfermar?
Cuando el llanto persiste, los padres comienzan a sospechar que llora porque podría tener algún dolor, por lo tanto, es conveniente llamar al pediatra y
comentarle la situación.
Antes de llamarlo quizás sea conveniente tomar su temperatura para saber si tiene fiebre y poder proporcionarle esta información al pediatra.
¿Que hacer si el bebé sigue llorando?
Si verificaste lo anterior y tu bebé sigue llorando podes probar:
* Llevarlo a dar un paseo, un poco de aire fresco a veces hace que el bebé se relaje y la mamá también.
* Darle un baño
* Envolverlo en una mantita como un “paquetito” copiando el modelo que utilizan en las maternidades y hospitales a los recién nacidos. A algunos bebés les gusta estar envueltos porque se sienten contenidos como cuando estaban acurrucados y calentitos dentro de la panza de mamá.
* Poner musica suave o cantarle una canción
* Llamar al pediatra
En general, el momento en que el bebé llora más es entre el primer mes y los dos meses de nacido,y a esa edad, puede resultar difícil tranquilizarlo. También resulta difícil dejarlo llorar en su cuna, no sólo porque es muy chiquito aún para aprender a calmarse sino porque sus padres tampoco toleran escuchar llorarlo. Por lo tanto, no es recomendable intentarlo.
Hay que aceptar que es normal que llore y que los padres sepan que tienen la capacidad para calmar.
Paradójicamente, cuando esto ocurre, comienza a tranquilizarse. Esta adaptación puede prolongarse hasta el tercer mes. Pasada esta etapa, los niños suelen llorar mucho menos.
Un consejo de mamá a mamá:
Escuchar llorara nuestro bebé sin poder calmarlo puede ser muy estresante. Si sentís que la situación te desborda no esperes a estallar y animate a pedir ayuda.
La ayuda oportuna de alguna abuela, tía, vecina y/o amiga dispuesta a acompañarte en este momento puede aliviar mucho tu angustia y darte las fuerzas necesarias para acompañar a tu recién nacido.
Los bebés no vienen con un manual bajo el brazo y aprender a conocerlos lleva su tiempo. Para el bebé tambiñen es un aprendizaje conocer este nuevo ambiente, este nuevo lugar luego de la panza de mamá.
Tené paciencia que todo pasa y aunque no parezca…más rápido de lo que uno imagina.
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