El recién nacido nace con un sistema nervioso central inmaduro y su crecimiento y desarrollo se completa en forma postnatal. Al nacer el ser humano tiene una ardua tarea: adaptarse al medio y cuenta con pocos recursos para hacer frente a los estímulos del medio ambiente, está poco equipado: sus actos reflejos como por ejemplo el reflejo de succión que le permite alimentarse (nadie le enseña a chupar) y sus 5 sentidos que ya están desarrollados y son los canales de entrada de información.
Un bebé depende absolutamente de sus padres para sobrevivir y desarrollarse. Al nacer ni siquiera puede sostener su cabecita.
La madre es fundamental como filtro y facilita la adaptación del bebé. De la calidad de estos vínculos depende el desarrollo personal del bebé.
Las necesidades del bebé son comprendidas de manera intuitiva y satisfechas por la relación especial que se establece entre cada mamá y su bebé.
Esta díada mamá-bebé, brinda las primeras experiencias vivenciales que serán las bases de una personalidad integrada. "Muchas madres mantienen una lucha entre la necesidad intuitiva de tener a su bebé en brazos y lo que la sociedad, la familia o la cultura esperan de ellas y consideran normal".
Para pasar de la absoluta dependencia inicial a una progresiva independencia es fundamental que en una primera etapa la mamá esté a disposición de su bebé, a “merced” de su bebé. La madre paulatinamente comienza a jugar con el bebé para que él pueda poco a poco introducir su propia manera de jugar; va introduciendo pequeñas experiencias de frustración, tiempos de espera, distancias para que el niño pueda ir volcando y descubriendo su personalidad, sus posibilidades de llegar a un logro y pueda descubrirse como un ser diferente de su madre. Para poder jugar solo, primero mamá tiene que estar presente. El bebé debe antes que nada sentirse seguro.
La madre le brinda la confianza que necesita. Un niño que recibe afecto, se siente valorado y merecedor, y se fortalece por lo tanto su autoestima. Un niño seguro, sabe que su mamá está y puede jugar. Un niño que siente el riesgo de perder a su madre está más pendiente de que ésta no se vaya y es más inseguro y demandante.
El mejor camino para la estimulación es prestarnos como guías, facilitadores, observar al bebé y acompañarlo.
Atención psicológica a adolescentes y adultos. Amplia experiencia hospitalaria y en consultorio privado. El objetivo de iniciar una terapia es buscar fin al sufrimiento, tratar de buscar soluciones.
Datos personales
- Lic. Mónica Yanigro
- Caballito, Capital Federal, Buenos Aires, Argentina
- Prof. Lic. en Psicología (UBA). M.N. 43.722 Atención psicológica, presencial y virtual. myanigro@gmail.com 0116688-1894
jueves, 19 de agosto de 2010
Qué es la depresión posparto
Durante el embarazo, el cuerpo de una mujer soporta cambios importantes y puede experimentar un considerable malestar o incluso la sensación de estar enferma. Cuando el bebé nace, la mujer se hace responsable del bienestar de una persona vulnerable, que tiene necesidades muy inmediatas de atención y cuidado. Por muy deseado que pueda ser el recién nacido, traerá consigo grandes cambios a la vida de la madre, que a veces pueden resultar estresantes.
Muchas mujeres atraviesan un periodo en el que se sienten cansadas y con un estado de ánimo decaído. Pero suele durar solamente algunos días y pronto las mujeres comienzan a sentirse ellas mismas de nuevo. En otros casos, el nacimiento tiene un efecto más serio y duradero. Se trata de mujeres que se deprimen y se sienten confusas, o muy ansiosas, sin lograr superarlo. Esta reacción se conoce como depresión posparto, y puede ser muy dolorosa, ya que afecta a la mujer misma, su pareja y sus hijos.
Qué es la depresión posparto
La mayoría de las personas tienden a tener altas expectativas sobre la maternidad y asumir que la madre será capaz de hacer frente al cuidado del bebe de forma natural, fácil y satisfactoria. Por tanto, si de repente la madre se encuentra estresada y comienza a preguntarse si será capaz de manejar la situación (o incluso si desea hacerlo), puede resultarle muy desmoralizante y doloroso. Así, muchas madres se sienten llorosas y desanimadas, ansiosas, o tensas o enfadadas, y no saben qué hacer con esas emociones. Pueden no saber con seguridad la razón por la cual se sienten así, lo cual empeora las cosas, creando sentimientos de culpa o inadecuación.
La depresión posparto es bastante común (entre el 10 y el 20 por ciento de las mujeres). Puede ocurrir justo después del parto, o varios meses después. Puede comenzar muy repentinamente o ir apareciendo lentamente. Afecta a mujeres de todas las edades, tanto primerizas como con hijos. Es posible que una mujer se sienta bien con su primer hijo, pero se deprima con el siguiente, aunque las probabilidades de desarrollar depresión posparto son más altas si una mujer la ha tenido ya antes.
Síntomas típicos
Puede sentirse:
* Deprimida y llorosa, todo puede parecer una lucha. Se siente mal consigo misma y con lo que hay a su alrededor.
* Ansiosa y preocupada por su propia salud, el bebé o el resto de la familia. Puede tener miedo de estar sola en casa o de salir a la calle.
* Irritable y frustrada. Puede enfadarse con sus hijos o sentirse furiosa con su pareja.
* Exhausta física y mentalmente, incapaz de hacer frente a las numerosas demandas.
* Culpable por no comportarse como una madre "apropiada" o por sus propias emociones de enfado y depresión.
Muchas mujeres atraviesan un periodo en el que se sienten cansadas y con un estado de ánimo decaído. Pero suele durar solamente algunos días y pronto las mujeres comienzan a sentirse ellas mismas de nuevo. En otros casos, el nacimiento tiene un efecto más serio y duradero. Se trata de mujeres que se deprimen y se sienten confusas, o muy ansiosas, sin lograr superarlo. Esta reacción se conoce como depresión posparto, y puede ser muy dolorosa, ya que afecta a la mujer misma, su pareja y sus hijos.
Qué es la depresión posparto
La mayoría de las personas tienden a tener altas expectativas sobre la maternidad y asumir que la madre será capaz de hacer frente al cuidado del bebe de forma natural, fácil y satisfactoria. Por tanto, si de repente la madre se encuentra estresada y comienza a preguntarse si será capaz de manejar la situación (o incluso si desea hacerlo), puede resultarle muy desmoralizante y doloroso. Así, muchas madres se sienten llorosas y desanimadas, ansiosas, o tensas o enfadadas, y no saben qué hacer con esas emociones. Pueden no saber con seguridad la razón por la cual se sienten así, lo cual empeora las cosas, creando sentimientos de culpa o inadecuación.
La depresión posparto es bastante común (entre el 10 y el 20 por ciento de las mujeres). Puede ocurrir justo después del parto, o varios meses después. Puede comenzar muy repentinamente o ir apareciendo lentamente. Afecta a mujeres de todas las edades, tanto primerizas como con hijos. Es posible que una mujer se sienta bien con su primer hijo, pero se deprima con el siguiente, aunque las probabilidades de desarrollar depresión posparto son más altas si una mujer la ha tenido ya antes.
Síntomas típicos
Puede sentirse:
* Deprimida y llorosa, todo puede parecer una lucha. Se siente mal consigo misma y con lo que hay a su alrededor.
* Ansiosa y preocupada por su propia salud, el bebé o el resto de la familia. Puede tener miedo de estar sola en casa o de salir a la calle.
* Irritable y frustrada. Puede enfadarse con sus hijos o sentirse furiosa con su pareja.
* Exhausta física y mentalmente, incapaz de hacer frente a las numerosas demandas.
* Culpable por no comportarse como una madre "apropiada" o por sus propias emociones de enfado y depresión.
Depresión posparto I
Son muchos los factores que influyen en este proceso, en primer lugar el gran número de emociones que se sufren a lo largo de todo este tiempo: embarazo, parto y posparto. Tarde o temprano todas ellas pasan factura.
Factores desencadenantes
En primer lugar, debemos diferenciar lo que es realmente una depresión post parto y lo que es sencillamente, un alto nivel de estrés al que la mujer consigue hacer frente rápidamente.
Adaptarse a la nueva situación se tiene que hacer de manera paulatina, no es posible adaptarse en un solo día, ni tan siquiera en un solo mes. Existen numerosos factores que pueden desencadenar esta depresión. A continuación enumeraremos algunos de ellos:
En primer lugar la mujer pasa de albergar dentro de su vientre al bebé, a dejar de tenerlo en su interior. Una vez que desaparece la tripa, desaparecen también todo el interés que despertaba esta en los demás. Ahora el bebé ya está fuera y las atenciones irán dirigidas casi en exclusiva hacia él. Además, para muchas mujeres a la nueva situación de “vacío” se suma el deterioro físico, ya que tras el parto el vientre se encuentra algo fláccido, no es el que tenía antes de estar embarazada y además ya no tiene el mismo significado que a lo largo de los nueve meses de gestación.
Pérdida de identidad
Otro factor a tener en cuenta es que tras el parto, la mujer ya no es la que cuida del bebé en exclusiva, ahora son otras personas las que se unen a esta tarea y tal vez lo hagan de manera diferente de como a ella le gustaría. La gran cantidad de consejos, los libros, artículos e información “absorbida” durante todo este tiempo pueden confundirla y hacerla sentir que no es capaz de cuidar bien de su bebé.
Las complicaciones que haya sufrido durante el alumbramiento pueden hacer que durante los primeros días de vida del niño, la madre no pueda hacerse cargo de él, lo que generará un enorme sentimiento de frustración y culpa por no atender como debiera a su hijo.
La relación con la pareja también cambia, antes era eso, pareja y ahora es primero padre, con comportamientos desconocidos a los que también tendrá que acostumbrarse. Incluso, puede llegar a plantearse si la elección de esa pareja para compartir la paternidad fue la correcta.
Por otro lado la intimidad en la relación pasa a estar en un segundo plano. Ese concepto desaparece y ahora se convierten en una familia. Nueva situación a la que también tendrá que acomodarse.
El cansancio después de los nueve meses de gestación y el trauma del parto pueden hacer mella en la recién estrenada mamá. Las visitas tras el alumbramiento pueden resultar agotadoras mientras está pendiente de su bebé y esto puede repercutir negativamente en su estado psíquico.
Factores desencadenantes
En primer lugar, debemos diferenciar lo que es realmente una depresión post parto y lo que es sencillamente, un alto nivel de estrés al que la mujer consigue hacer frente rápidamente.
Adaptarse a la nueva situación se tiene que hacer de manera paulatina, no es posible adaptarse en un solo día, ni tan siquiera en un solo mes. Existen numerosos factores que pueden desencadenar esta depresión. A continuación enumeraremos algunos de ellos:
En primer lugar la mujer pasa de albergar dentro de su vientre al bebé, a dejar de tenerlo en su interior. Una vez que desaparece la tripa, desaparecen también todo el interés que despertaba esta en los demás. Ahora el bebé ya está fuera y las atenciones irán dirigidas casi en exclusiva hacia él. Además, para muchas mujeres a la nueva situación de “vacío” se suma el deterioro físico, ya que tras el parto el vientre se encuentra algo fláccido, no es el que tenía antes de estar embarazada y además ya no tiene el mismo significado que a lo largo de los nueve meses de gestación.
Pérdida de identidad
Otro factor a tener en cuenta es que tras el parto, la mujer ya no es la que cuida del bebé en exclusiva, ahora son otras personas las que se unen a esta tarea y tal vez lo hagan de manera diferente de como a ella le gustaría. La gran cantidad de consejos, los libros, artículos e información “absorbida” durante todo este tiempo pueden confundirla y hacerla sentir que no es capaz de cuidar bien de su bebé.
Las complicaciones que haya sufrido durante el alumbramiento pueden hacer que durante los primeros días de vida del niño, la madre no pueda hacerse cargo de él, lo que generará un enorme sentimiento de frustración y culpa por no atender como debiera a su hijo.
La relación con la pareja también cambia, antes era eso, pareja y ahora es primero padre, con comportamientos desconocidos a los que también tendrá que acostumbrarse. Incluso, puede llegar a plantearse si la elección de esa pareja para compartir la paternidad fue la correcta.
Por otro lado la intimidad en la relación pasa a estar en un segundo plano. Ese concepto desaparece y ahora se convierten en una familia. Nueva situación a la que también tendrá que acomodarse.
El cansancio después de los nueve meses de gestación y el trauma del parto pueden hacer mella en la recién estrenada mamá. Las visitas tras el alumbramiento pueden resultar agotadoras mientras está pendiente de su bebé y esto puede repercutir negativamente en su estado psíquico.
Depresión posparto II
Una depresión posparto es igual que cualquier otro proceso depresivo, por tanto, necesita de la ayuda de un profesional de la psicología para guiar a la mujer en los pasos a seguir y lograr acabar con esa situación.
Necesidad de ayuda psicológica
Son los expertos en la materia los que deben decidir si se han de administrar medicamentos, pero no es la opción más interesante, ya que no siempre son necesarios y en el caso de una mujer, podrían entorpecer la etapa de lactancia.
Otro de los factores que fomentará la recuperación de la madre es el del descanso. Si la mujer no se encuentra relajada cualquier agente externo puede empeorar su situación, por lo que necesitará de la ayuda de su pareja, el resto de la familia o incluso alguna red de ayuda social que pueda echar una mano con el bebé.
Una de las principales metas que debe plantearse la mujer que sufre la depresión posparto es la de intentar acabar alguna de las tareas que ha iniciado durante el día. Esto tiene una explicación, en la mayoría de los casos, las mujeres que sufren este desajuste emocional, sienten que son incapaces de finalizar ninguna de las metas que se han puesto en su vida. Por eso resulta tan importante que se comience a cerrar pequeños objetivos que las irán encaminando a superar esta terrible sensación.
Recuperar el rol de mujer
Pasar tiempo sola no beneficiará a la madre que sufre este tipo de dolencia, estar acompañada, sentirse arropada por los suyos y recibir muestras de cariño hará que el protagonismo del recién nacido se reparta y no relegue al papel de mero “transportin” a la madre.
La sensación de haber dejado de ser pareja para convertirse casi exclusivamente en madre, también es un sentimiento negativo que hay que transformar. Por ello, es necesario que se busquen espacios para pasar a solas con la pareja. Y por supuesto, que el padre fomente la autoestima de la mujer haciéndola sentir de nuevo una mujer atractiva a pesar de los cambios que se han producido en su cuerpo.
Todas estas acciones ayudarán a que la depresión posparto vaya remitiendo y la madre pueda disfrutar del nuevo rol que ostenta, sin dejar a un lado el papel de mujer, el de trabajadora, el de pareja y sobre todo el de persona, ya que muchas veces cuando la mujer se convierte en madre abandona el resto de actividades para dedicarse en cuerpo y alma al nuevo habitante de la casa.
Necesidad de ayuda psicológica
Son los expertos en la materia los que deben decidir si se han de administrar medicamentos, pero no es la opción más interesante, ya que no siempre son necesarios y en el caso de una mujer, podrían entorpecer la etapa de lactancia.
Otro de los factores que fomentará la recuperación de la madre es el del descanso. Si la mujer no se encuentra relajada cualquier agente externo puede empeorar su situación, por lo que necesitará de la ayuda de su pareja, el resto de la familia o incluso alguna red de ayuda social que pueda echar una mano con el bebé.
Una de las principales metas que debe plantearse la mujer que sufre la depresión posparto es la de intentar acabar alguna de las tareas que ha iniciado durante el día. Esto tiene una explicación, en la mayoría de los casos, las mujeres que sufren este desajuste emocional, sienten que son incapaces de finalizar ninguna de las metas que se han puesto en su vida. Por eso resulta tan importante que se comience a cerrar pequeños objetivos que las irán encaminando a superar esta terrible sensación.
Recuperar el rol de mujer
Pasar tiempo sola no beneficiará a la madre que sufre este tipo de dolencia, estar acompañada, sentirse arropada por los suyos y recibir muestras de cariño hará que el protagonismo del recién nacido se reparta y no relegue al papel de mero “transportin” a la madre.
La sensación de haber dejado de ser pareja para convertirse casi exclusivamente en madre, también es un sentimiento negativo que hay que transformar. Por ello, es necesario que se busquen espacios para pasar a solas con la pareja. Y por supuesto, que el padre fomente la autoestima de la mujer haciéndola sentir de nuevo una mujer atractiva a pesar de los cambios que se han producido en su cuerpo.
Todas estas acciones ayudarán a que la depresión posparto vaya remitiendo y la madre pueda disfrutar del nuevo rol que ostenta, sin dejar a un lado el papel de mujer, el de trabajadora, el de pareja y sobre todo el de persona, ya que muchas veces cuando la mujer se convierte en madre abandona el resto de actividades para dedicarse en cuerpo y alma al nuevo habitante de la casa.
Tratamiento depresion, distimia, depresión post parto, ansiedad y depresion
DEPRESION
Explicamos algunos síntomas de los que puede padecer una persona con depresión para que puedas detectar en nuesstros familiares, o en nosotros mismos si estas padeciendo un episodio depresivo.
La persona presenta un estado de ánimo triste o vacio la mayor parte del día, casi cada día según lo indica el propio sujeto, llora con facilidad, (en los niños y adolescentes el estado de ánimo puede ser irritable), tiene una falta de interés en las cosas en las que antes disfrutaba, pierde peso sin hacer régimen, le cuesta dormir o duerme demasiado, muestra una fatiga excesiva, padece sentimientos de inutilidad o de culpa excesiva o inapropiada.
Resulta inútil decirle “anímate... lo que tienes que hacer es…” Si no lo hace no es por falta de interés, es porque no puede, ya que se trata de una enfermedad del estado de ánimo que se ha de tratar. Realmente les resulta difícil de entender a la familia que se trata de un trastorno o enfermedad psicológica porque aparentemente en algunas ocasiones lo ven bien, y creen erróneamente que si hace un esfuerzo recuperará su anterior estado de ánimo.
DISTIMIA
Se trata de un estado de ánimo crónicamente depresivo la mayor parte del día, durante unos dos años. Puede presentar algunos de estos síntomas: pérdida o aumento de apetito, insomnio o hipersomnia (mucho sueño), falta de energía o fatiga, baja autoestima, dificultades para tomar decisiones y sentimientos de desesperanza.
Dado que resulta un trastorno crónico, la mayoria de las personas han sido tratadas con anterioridad de una depresión mayor, de la que ya han salido con medicación, pero que se ha cronificado en un nivel de distimia. Recomendamos la conveniencia de realizar una psicoterapia para solucionar el problema de fondo.
DEPRESION POST PARTO
El inicio del episodio se da en las primeras 4 semanas del posparto, normalmente al salir de la clinica comienza la madre a padecer sentimientos de tristeza o vacío, de ansiedad ante las nuevas responsabilidades que dar a luz un niño le acarrea, y a su vez, de un sentimiento de culpabilidad por sentirse así en lugar de estar lo feliz que todos esperaban.
La madre ha de conocer que esta es una situación bastante habitual, sobre todo en mamás primerizas, que no es un problema de ella, sino que se trata de una depresión post parto que hay que atender.
Si se acude al psicólogo es una problemática bastante rápida y fácil de solucionar, especialmente si se cuenta con la colaboración del marido.
ANSIEDAD Y DEPRESION
Los trastornos depresivos es muy frecuente que se presenten en personas que padecen ansiedad, ya que se da una gran comorbilidad entre ambos trastornos. Quien lo padece muestra los síntomas de ambos trastornos. Podemos ver al inicio de esta página los síntomas de una persona con depresión, y los de la ansiedad en tratamiento de trastornos de ansiedad.
Explicamos algunos síntomas de los que puede padecer una persona con depresión para que puedas detectar en nuesstros familiares, o en nosotros mismos si estas padeciendo un episodio depresivo.
La persona presenta un estado de ánimo triste o vacio la mayor parte del día, casi cada día según lo indica el propio sujeto, llora con facilidad, (en los niños y adolescentes el estado de ánimo puede ser irritable), tiene una falta de interés en las cosas en las que antes disfrutaba, pierde peso sin hacer régimen, le cuesta dormir o duerme demasiado, muestra una fatiga excesiva, padece sentimientos de inutilidad o de culpa excesiva o inapropiada.
Resulta inútil decirle “anímate... lo que tienes que hacer es…” Si no lo hace no es por falta de interés, es porque no puede, ya que se trata de una enfermedad del estado de ánimo que se ha de tratar. Realmente les resulta difícil de entender a la familia que se trata de un trastorno o enfermedad psicológica porque aparentemente en algunas ocasiones lo ven bien, y creen erróneamente que si hace un esfuerzo recuperará su anterior estado de ánimo.
DISTIMIA
Se trata de un estado de ánimo crónicamente depresivo la mayor parte del día, durante unos dos años. Puede presentar algunos de estos síntomas: pérdida o aumento de apetito, insomnio o hipersomnia (mucho sueño), falta de energía o fatiga, baja autoestima, dificultades para tomar decisiones y sentimientos de desesperanza.
Dado que resulta un trastorno crónico, la mayoria de las personas han sido tratadas con anterioridad de una depresión mayor, de la que ya han salido con medicación, pero que se ha cronificado en un nivel de distimia. Recomendamos la conveniencia de realizar una psicoterapia para solucionar el problema de fondo.
DEPRESION POST PARTO
El inicio del episodio se da en las primeras 4 semanas del posparto, normalmente al salir de la clinica comienza la madre a padecer sentimientos de tristeza o vacío, de ansiedad ante las nuevas responsabilidades que dar a luz un niño le acarrea, y a su vez, de un sentimiento de culpabilidad por sentirse así en lugar de estar lo feliz que todos esperaban.
La madre ha de conocer que esta es una situación bastante habitual, sobre todo en mamás primerizas, que no es un problema de ella, sino que se trata de una depresión post parto que hay que atender.
Si se acude al psicólogo es una problemática bastante rápida y fácil de solucionar, especialmente si se cuenta con la colaboración del marido.
ANSIEDAD Y DEPRESION
Los trastornos depresivos es muy frecuente que se presenten en personas que padecen ansiedad, ya que se da una gran comorbilidad entre ambos trastornos. Quien lo padece muestra los síntomas de ambos trastornos. Podemos ver al inicio de esta página los síntomas de una persona con depresión, y los de la ansiedad en tratamiento de trastornos de ansiedad.
Depresión posparto
Usualmente las personas suponen que una madre luego de tener a su bebé debe sentirse sumamente feliz, y esto incluye por supuesto, a los días posteriores al parto. Sin embargo, los cambios en el humor luego de dar a luz son prácticamente inevitables, pasando la gran mayoría de las madres, por una etapa de tristeza durante los 3 a 5 días siguientes al alumbramiento. Se ha observado que en algunos casos, dicho estado de tristeza puede surgir incluso alrededor del primer mes o mes y medio.
Esta etapa puede presentarse con sentimientos de vulnerabilidad, insatisfacción, miedo de no ser lo suficientemente capaz de cuidar al niño, sentimientos todos que asustan. Por lo general, dicho estado de ánimo es pasajero, aunque en algunas ocasiones podría prolongarse terminando en una depresión. El riesgo es mayor cuando la madre no cuenta con un entorno que la apoye y la contenga, cuando es primeriza, cuando se le ha practicado cesárea, o cuando el bebé nace con problemas serios.
Para prevenirla, es necesario tener expectativas realistas acerca de la nueva etapa a vivir y cuidarse tanto como durante el embarazo.
¿Por qué sucede?
Los momentos de tristeza que surgen sin motivo aparente, se deben a diferentes factores psico – físicos que se conjugan.
* Por un lado, existen causas hormonales que se producen luego del parto y que están relacionadas con una preparación del cuerpo para la lactancia. Asimismo, es normal que exista cansancio tras el nacimiento del niño, a lo que se suma la alteración en el sueño y la vigilia.
* Por otra parte y en lo referente a los factores psicológicos, es usual que exista estrés después de un hecho tan significativo. A lo que se añaden inquietudes acerca de la lactancia y el cuidado del bebé, siendo muy común que la mamá no se sienta lo suficientemente capacitada como para llevar a cabo dicha tarea. A su vez, suelen tener lugar conflictos relacionados con su rol, como por ejemplo el acostumbrarse a la nueva rutina que implica permanecer en casa mientras que hasta hace no mucho tiempo cumplía una jornada laboral. También puede inquietarle pensar en la vuelta a su empleo, mientras que lo que desearía sería quedarse con su bebé y puede que no le guste la idea de dejarlo al cuidado de otra persona.
¿Cómo prevenir la depresión?
* La mejor prevención es el conocimiento. Saber que además de alegría, habrán momentos de malestar y reflexionar acerca de ciertos pensamientos que se presenten, tales como la tendencia a subvalorarse. Es igualmente beneficioso, hacer participar a la pareja (o persona más cercana a la nueva mamá) para ir consolidando en un espacio psíquico que ahora hay una nueva vida con el bebé. La información permite a la madre y a su entorno próximo, reaccionar mejor ante sus cambios de humor.
* Mantener una alimentación sana. No olvidando lo importante que es la nutrición también luego de dar a luz, incluso aunque no esté dando de mamar. Una dieta rica en frutas, verduras y cereales brinda vitaminas y nutrientes necesarios que también ayudan a recuperar un buen estado físico, lo que a su vez repercute en la salud psíquica.
* Descansar cuando el niño lo hace. Es muy recomendable que la mamá aproveche para descansar y dormir cuando el recién nacido duerma. Es necesario que tome conciencia de que merece descansar.
* Aceptar ayuda. Hacerse a la idea de que es humano que necesite delegar funciones, y que no es ni aconsejable ni viable el pretender ser una mamá hiperactiva que abarque todo y aún así esté sonriente todo el tiempo. Lo conveniente es que la ayuda externa se ocupe de los quehaceres domésticos para que la madre, y el padre si está presente también, se dediquen al cuidado del bebé y se familiaricen. En el caso específico de los primeros días, la ayuda es necesaria hasta que la mujer se recupere completamente.
* Marcar prioridades. Es preciso procurar ser razonables, teniendo en cuenta que es inviable pretender mantener la casa igual y además adaptarse al ritmo y horarios del bebé. A las tareas domésticas definitivamente es necesario contemplarlas como algo secundario.
*Dedicar el tiempo que se necesite para el cuidado personal. Es saludable reservar tiempo para una misma, y si es posible salir ya sea con o sin el bebé según se desee. Este punto incluye por supuesto, lo positivo que es mimarse y comprarse ropa. La buena apariencia alegra, es buena para la autoestima, y en este momento es de gran importancia sentirse bien consigo misma.
* Ejercitarse. Existen estudios que demuestran que practicar ejercicio durante y después del embarazo, ayuda a sentirse mejor emocionalmente y a mostrarse más sociable. Varias actividades con el asesoramiento adecuado, pueden ser muy beneficiosas. Como por ejemplo el yoga o la danza oriental, que tienden a una mayor conexión con el cuerpo y dominio del mismo.
* Compartir opiniones y experiencias con otras madres. Incluyendo estados de ánimo por los que puede pasar luego del alumbramiento, lo que ayuda a prevenir sustos y sentirse más comprendida.
* No intentar ser la madre perfecta. Aceptar que se cometen errores permite aprender de ellos. Gran número de las mujeres que sufren depresión luego del parto tienden a ser perfeccionistas, reprochándose el no poder hacer absolutamente todo bien y dando por seguro que otras madres se desempeñan mejor. No obstante, en la práctica son necesarios esos errores que comete naturalmente no satisfaciendo los deseos del niño de inmediato, ya que le permite al bebé tener vivencias tolerables de insatisfacción. Es una madre humana y no excesivamente buena, la que permite el espacio para el crecimiento del bebé como persona.
Esta etapa puede presentarse con sentimientos de vulnerabilidad, insatisfacción, miedo de no ser lo suficientemente capaz de cuidar al niño, sentimientos todos que asustan. Por lo general, dicho estado de ánimo es pasajero, aunque en algunas ocasiones podría prolongarse terminando en una depresión. El riesgo es mayor cuando la madre no cuenta con un entorno que la apoye y la contenga, cuando es primeriza, cuando se le ha practicado cesárea, o cuando el bebé nace con problemas serios.
Para prevenirla, es necesario tener expectativas realistas acerca de la nueva etapa a vivir y cuidarse tanto como durante el embarazo.
¿Por qué sucede?
Los momentos de tristeza que surgen sin motivo aparente, se deben a diferentes factores psico – físicos que se conjugan.
* Por un lado, existen causas hormonales que se producen luego del parto y que están relacionadas con una preparación del cuerpo para la lactancia. Asimismo, es normal que exista cansancio tras el nacimiento del niño, a lo que se suma la alteración en el sueño y la vigilia.
* Por otra parte y en lo referente a los factores psicológicos, es usual que exista estrés después de un hecho tan significativo. A lo que se añaden inquietudes acerca de la lactancia y el cuidado del bebé, siendo muy común que la mamá no se sienta lo suficientemente capacitada como para llevar a cabo dicha tarea. A su vez, suelen tener lugar conflictos relacionados con su rol, como por ejemplo el acostumbrarse a la nueva rutina que implica permanecer en casa mientras que hasta hace no mucho tiempo cumplía una jornada laboral. También puede inquietarle pensar en la vuelta a su empleo, mientras que lo que desearía sería quedarse con su bebé y puede que no le guste la idea de dejarlo al cuidado de otra persona.
¿Cómo prevenir la depresión?
* La mejor prevención es el conocimiento. Saber que además de alegría, habrán momentos de malestar y reflexionar acerca de ciertos pensamientos que se presenten, tales como la tendencia a subvalorarse. Es igualmente beneficioso, hacer participar a la pareja (o persona más cercana a la nueva mamá) para ir consolidando en un espacio psíquico que ahora hay una nueva vida con el bebé. La información permite a la madre y a su entorno próximo, reaccionar mejor ante sus cambios de humor.
* Mantener una alimentación sana. No olvidando lo importante que es la nutrición también luego de dar a luz, incluso aunque no esté dando de mamar. Una dieta rica en frutas, verduras y cereales brinda vitaminas y nutrientes necesarios que también ayudan a recuperar un buen estado físico, lo que a su vez repercute en la salud psíquica.
* Descansar cuando el niño lo hace. Es muy recomendable que la mamá aproveche para descansar y dormir cuando el recién nacido duerma. Es necesario que tome conciencia de que merece descansar.
* Aceptar ayuda. Hacerse a la idea de que es humano que necesite delegar funciones, y que no es ni aconsejable ni viable el pretender ser una mamá hiperactiva que abarque todo y aún así esté sonriente todo el tiempo. Lo conveniente es que la ayuda externa se ocupe de los quehaceres domésticos para que la madre, y el padre si está presente también, se dediquen al cuidado del bebé y se familiaricen. En el caso específico de los primeros días, la ayuda es necesaria hasta que la mujer se recupere completamente.
* Marcar prioridades. Es preciso procurar ser razonables, teniendo en cuenta que es inviable pretender mantener la casa igual y además adaptarse al ritmo y horarios del bebé. A las tareas domésticas definitivamente es necesario contemplarlas como algo secundario.
*Dedicar el tiempo que se necesite para el cuidado personal. Es saludable reservar tiempo para una misma, y si es posible salir ya sea con o sin el bebé según se desee. Este punto incluye por supuesto, lo positivo que es mimarse y comprarse ropa. La buena apariencia alegra, es buena para la autoestima, y en este momento es de gran importancia sentirse bien consigo misma.
* Ejercitarse. Existen estudios que demuestran que practicar ejercicio durante y después del embarazo, ayuda a sentirse mejor emocionalmente y a mostrarse más sociable. Varias actividades con el asesoramiento adecuado, pueden ser muy beneficiosas. Como por ejemplo el yoga o la danza oriental, que tienden a una mayor conexión con el cuerpo y dominio del mismo.
* Compartir opiniones y experiencias con otras madres. Incluyendo estados de ánimo por los que puede pasar luego del alumbramiento, lo que ayuda a prevenir sustos y sentirse más comprendida.
* No intentar ser la madre perfecta. Aceptar que se cometen errores permite aprender de ellos. Gran número de las mujeres que sufren depresión luego del parto tienden a ser perfeccionistas, reprochándose el no poder hacer absolutamente todo bien y dando por seguro que otras madres se desempeñan mejor. No obstante, en la práctica son necesarios esos errores que comete naturalmente no satisfaciendo los deseos del niño de inmediato, ya que le permite al bebé tener vivencias tolerables de insatisfacción. Es una madre humana y no excesivamente buena, la que permite el espacio para el crecimiento del bebé como persona.
sábado, 9 de enero de 2010
Psicoterapia: mitos, prejuicios y algo más…
Frecuentemente vemos cómo ciertos mitos y prejuicios sobre la psicología y los psicólogos demoran la decisión de acudir a una consulta o incluso pueden llevar a una persona a acostumbrarse a un estado de malestar y a no pedir ayuda profesional hasta que se llega a un punto crucial en donde ya se ven afectadas varias áreas de su vida.
Otras veces, se concurre a la consulta con ciertos temores y expectativas que no se adaptan del todo a la realidad, perjudicando el proceso terapéutico y la motivación de la persona para realizar un cambio.
También, vemos que un tratamiento psicoterapéutico anterior que no logró resolver los problemas o no se adaptó a las necesidades de la persona puede ser un obstáculo a la hora de realizar otra consulta. En estas ocasiones, muchas veces se piensa que todas las terapias son iguales, en lugar de evaluar la posibilidad de que "esa terapia" no era para nosotros.
A continuación, se mencionarán algunos mitos, prejuicios y distorsiones de la psicología y de la labor profesional de los psicólogos:
"Yo no estoy loco, no necesito un psicólogo"
Esta construcción social acerca de la asociación locura-psicólogo está basada en el desconocimiento de la práctica psicoterapéutica y el miedo a ser socialmente etiquetado como "loco". Lo cierto es que cualquier persona, en algún momento de su vida, puede sentir la necesidad de realizar una consulta con un profesional por motivos concretos, motivos generales o incluso por un malestar cuyo motivo le resulta incierto.
Aunque en ciertos sectores sociales este prejuicio aún perdura, afortunadamente está bastante superado gracias a que, hoy en día, hay un mayor conocimiento del trabajo que realizamos los psicólogos.
"Yo puedo resolverlo solo"
Esta creencia muchas veces funciona como obstáculo para pedir ayuda y está relacionada con nuestra dificultad para reconocer que a veces no podemos solos con determinada situación. Según este prejuicio, ir a un psicólogo significaría reconocerse débil e incapaz para resolver las dificultades que nos presenta la vida. Pero no es malo ni vergonzoso considerar que necesitamos ayuda, ni tampoco es algo que vayamos a hacer de por vida, como tampoco lo es recurrir a un dentista, abogado u otro profesional. Lo malo no es tener problemas, sino dejarlos estar y no darles la solución correcta a tiempo. Muchas veces, también pensamos que el tiempo lo cura todo "como por arte de magia", pero en realidad el efecto es contraproducente ya que, si negamos los problemas o no hablamos de ellos, el tiempo lo único que hará será acrecentarlos y agravarlos.
En cambio, si nos permitimos reconocer que tenemos ciertas dificultades para abordar solos determinada situación y buscamos ayuda profesional, podremos trabajar con ello y adquirir un aprendizaje que nos servirá para manejarnos de una forma más efectiva en el futuro.
"Voy al psicólogo para que me cure"
Una distorsión muy frecuente de la labor psicoterapéutica es la que sostiene la idea de que sólo con comentarle al psicólogo lo que nos pasa se solucionan los problemas. Esta idea de la psicoterapia supone que la misma es un tratamiento que los pacientes reciben del terapeuta pasivamente, como ir al médico y que nos receten un medicamento, poniendo toda la responsabilidad en el profesional. Por el contrario, la terapia implica un trabajo conjunto entre terapeuta y consultante a fin de poder encontrar soluciones más adaptativas a los problemas que presenta la persona. Si la persona no se compromete con el proceso terapéutico, dejando todo en las manos del terapeuta, difícilmente se pueda lograr un cambio.
"¿Por qué tengo que contarle mis problemas a un psicólogo si están mis amigos y familiares?"
Hay veces en la vida en que los amigos o familiares pueden brindarnos su ayuda para resolver ciertos problemas, pero cuando no logramos solucionarlos y el malestar se acrecienta, se debe evaluar la posibilidad de realizar una consulta a un profesional que nos ayude a descubrir nuevas alternativas para superar estos problemas.
Muchas personas suponen que un psicólogo no podrá ayudarlos porque no conoce los pormenores de su vida y la situación problemática como un familiar o un amigo. Sin embargo, muchas veces comprobamos que solicitar ayuda a personas cercanas puede no ser suficiente, y no por falta de interés o cariño, sino porque la cercanía obstaculiza una visión más objetiva o imparcial de las situaciones. Además, en ciertas ocasiones podría empeorar la situación en la medida en que determinados comentarios y prejuicios carentes de objetividad de parte de aquellas personas en quienes confiamos pueden dañar aun más a la persona por el peso emocional que tiene la relación. Escuchar un "sos esto o sos lo otro" o "tenés que hacer esto o lo otro" de parte de alguien cercano, que suponemos que nos conoce, entiende y contiene, a veces produce más daño, contribuye a mantener el problema en lugar de solucionarlo y finalmente termina por poner un rótulo a la persona del cual le costará aún más desprenderse.
Por el contrario, un terapeuta escuchará y orientará a la persona desde otro lugar, será más objetivo y no emitirá juicios de valor. Además no es necesario que el profesional conozca hasta el último detalle de la historia del consultante para poder ayudar a solucionar una situación, ya que no indaga a nivel de los contenidos de la vida de las personas, sino que observa los procesos y devela las reglas de juego que sostienen el problema, más allá de los hechos puntuales
"La terapia es infinita y crea dependencia con el psicólogo"
Muchas personas temen que la terapia no llegue nunca a su fin y que esto genere una dependencia con el psicólogo. Este prejuicio se basa en el hecho de que la duración aproximada de ciertas terapias no está delimitada y el paciente puede estar en tratamiento durante muchos años. Lo cierto es que todavía existen terapias de este tipo, pero tenemos que saber que hay muchas otras cuyos tiempos son más cortos y fomentan en la persona la independencia del tratamiento, hasta llegar al momento del alta.
En definitiva, estas distorsiones y mitos mencionados muchas veces pueden funcionar como obstáculo a la hora de solicitar ayuda psicológica. Pero es preciso recalcar que en ningún caso hacer psicoterapia implica ser débil o tener una incapacidad ni mucho menos estar loco, sino más bien todo lo contrario; solicitar ayuda profesional es un recurso muy valiente e inteligente que todos podemos utilizar en momentos cruciales, para buscar lo mejor para nosotros mismos y no resignarnos a vivir de cualquier manera. Una psicoterapia nos fortalece en la medida en que podemos lograr un mayor grado de consciencia de las limitaciones propias que todos tenemos como seres humanos que somos, y para incrementar nuestro autoconocimiento y movilizarnos hacia cambios positivos.
Por último, también es importante saber que, dada la variedad de terapias y estilos terapéuticos que existen hoy en psicología, no siempre encontraremos la ayuda que se adapte a nuestras necesidades en el primer lugar al que acudamos. No todas las terapias ni todos los estilos terapéuticos de los profesionales funcionan para todas las personas. Lo importante es encontrar un espacio en donde nos sintamos cómodos y motivados para trabajar junto con el terapeuta, y en donde sintamos que vamos adquiriendo y desarrollando habilidades que nos permiten lograr cambios y encontrar soluciones más adaptativas a los problemas que se nos presentan, fomentando nuestro crecimiento personal y nuestra autonomía; de lo contrario, en una terapia que no se adapta a nuestras necesidades, difícilmente nos sentiremos motivados para producir un verdadero cambio.
LIC. CORTI
Otras veces, se concurre a la consulta con ciertos temores y expectativas que no se adaptan del todo a la realidad, perjudicando el proceso terapéutico y la motivación de la persona para realizar un cambio.
También, vemos que un tratamiento psicoterapéutico anterior que no logró resolver los problemas o no se adaptó a las necesidades de la persona puede ser un obstáculo a la hora de realizar otra consulta. En estas ocasiones, muchas veces se piensa que todas las terapias son iguales, en lugar de evaluar la posibilidad de que "esa terapia" no era para nosotros.
A continuación, se mencionarán algunos mitos, prejuicios y distorsiones de la psicología y de la labor profesional de los psicólogos:
"Yo no estoy loco, no necesito un psicólogo"
Esta construcción social acerca de la asociación locura-psicólogo está basada en el desconocimiento de la práctica psicoterapéutica y el miedo a ser socialmente etiquetado como "loco". Lo cierto es que cualquier persona, en algún momento de su vida, puede sentir la necesidad de realizar una consulta con un profesional por motivos concretos, motivos generales o incluso por un malestar cuyo motivo le resulta incierto.
Aunque en ciertos sectores sociales este prejuicio aún perdura, afortunadamente está bastante superado gracias a que, hoy en día, hay un mayor conocimiento del trabajo que realizamos los psicólogos.
"Yo puedo resolverlo solo"
Esta creencia muchas veces funciona como obstáculo para pedir ayuda y está relacionada con nuestra dificultad para reconocer que a veces no podemos solos con determinada situación. Según este prejuicio, ir a un psicólogo significaría reconocerse débil e incapaz para resolver las dificultades que nos presenta la vida. Pero no es malo ni vergonzoso considerar que necesitamos ayuda, ni tampoco es algo que vayamos a hacer de por vida, como tampoco lo es recurrir a un dentista, abogado u otro profesional. Lo malo no es tener problemas, sino dejarlos estar y no darles la solución correcta a tiempo. Muchas veces, también pensamos que el tiempo lo cura todo "como por arte de magia", pero en realidad el efecto es contraproducente ya que, si negamos los problemas o no hablamos de ellos, el tiempo lo único que hará será acrecentarlos y agravarlos.
En cambio, si nos permitimos reconocer que tenemos ciertas dificultades para abordar solos determinada situación y buscamos ayuda profesional, podremos trabajar con ello y adquirir un aprendizaje que nos servirá para manejarnos de una forma más efectiva en el futuro.
"Voy al psicólogo para que me cure"
Una distorsión muy frecuente de la labor psicoterapéutica es la que sostiene la idea de que sólo con comentarle al psicólogo lo que nos pasa se solucionan los problemas. Esta idea de la psicoterapia supone que la misma es un tratamiento que los pacientes reciben del terapeuta pasivamente, como ir al médico y que nos receten un medicamento, poniendo toda la responsabilidad en el profesional. Por el contrario, la terapia implica un trabajo conjunto entre terapeuta y consultante a fin de poder encontrar soluciones más adaptativas a los problemas que presenta la persona. Si la persona no se compromete con el proceso terapéutico, dejando todo en las manos del terapeuta, difícilmente se pueda lograr un cambio.
"¿Por qué tengo que contarle mis problemas a un psicólogo si están mis amigos y familiares?"
Hay veces en la vida en que los amigos o familiares pueden brindarnos su ayuda para resolver ciertos problemas, pero cuando no logramos solucionarlos y el malestar se acrecienta, se debe evaluar la posibilidad de realizar una consulta a un profesional que nos ayude a descubrir nuevas alternativas para superar estos problemas.
Muchas personas suponen que un psicólogo no podrá ayudarlos porque no conoce los pormenores de su vida y la situación problemática como un familiar o un amigo. Sin embargo, muchas veces comprobamos que solicitar ayuda a personas cercanas puede no ser suficiente, y no por falta de interés o cariño, sino porque la cercanía obstaculiza una visión más objetiva o imparcial de las situaciones. Además, en ciertas ocasiones podría empeorar la situación en la medida en que determinados comentarios y prejuicios carentes de objetividad de parte de aquellas personas en quienes confiamos pueden dañar aun más a la persona por el peso emocional que tiene la relación. Escuchar un "sos esto o sos lo otro" o "tenés que hacer esto o lo otro" de parte de alguien cercano, que suponemos que nos conoce, entiende y contiene, a veces produce más daño, contribuye a mantener el problema en lugar de solucionarlo y finalmente termina por poner un rótulo a la persona del cual le costará aún más desprenderse.
Por el contrario, un terapeuta escuchará y orientará a la persona desde otro lugar, será más objetivo y no emitirá juicios de valor. Además no es necesario que el profesional conozca hasta el último detalle de la historia del consultante para poder ayudar a solucionar una situación, ya que no indaga a nivel de los contenidos de la vida de las personas, sino que observa los procesos y devela las reglas de juego que sostienen el problema, más allá de los hechos puntuales
"La terapia es infinita y crea dependencia con el psicólogo"
Muchas personas temen que la terapia no llegue nunca a su fin y que esto genere una dependencia con el psicólogo. Este prejuicio se basa en el hecho de que la duración aproximada de ciertas terapias no está delimitada y el paciente puede estar en tratamiento durante muchos años. Lo cierto es que todavía existen terapias de este tipo, pero tenemos que saber que hay muchas otras cuyos tiempos son más cortos y fomentan en la persona la independencia del tratamiento, hasta llegar al momento del alta.
En definitiva, estas distorsiones y mitos mencionados muchas veces pueden funcionar como obstáculo a la hora de solicitar ayuda psicológica. Pero es preciso recalcar que en ningún caso hacer psicoterapia implica ser débil o tener una incapacidad ni mucho menos estar loco, sino más bien todo lo contrario; solicitar ayuda profesional es un recurso muy valiente e inteligente que todos podemos utilizar en momentos cruciales, para buscar lo mejor para nosotros mismos y no resignarnos a vivir de cualquier manera. Una psicoterapia nos fortalece en la medida en que podemos lograr un mayor grado de consciencia de las limitaciones propias que todos tenemos como seres humanos que somos, y para incrementar nuestro autoconocimiento y movilizarnos hacia cambios positivos.
Por último, también es importante saber que, dada la variedad de terapias y estilos terapéuticos que existen hoy en psicología, no siempre encontraremos la ayuda que se adapte a nuestras necesidades en el primer lugar al que acudamos. No todas las terapias ni todos los estilos terapéuticos de los profesionales funcionan para todas las personas. Lo importante es encontrar un espacio en donde nos sintamos cómodos y motivados para trabajar junto con el terapeuta, y en donde sintamos que vamos adquiriendo y desarrollando habilidades que nos permiten lograr cambios y encontrar soluciones más adaptativas a los problemas que se nos presentan, fomentando nuestro crecimiento personal y nuestra autonomía; de lo contrario, en una terapia que no se adapta a nuestras necesidades, difícilmente nos sentiremos motivados para producir un verdadero cambio.
LIC. CORTI
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